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Las protestas en Hong Kong se convierten en arte

Es el hombre del paraguas. Una escultura a base de tacos de madera y el símbolo más reconocible de las protestas a favor de la democracia en Hong Kong: un paraguas amarillo. Y está aquí, en plena calle, para quedarse. Al menos, es lo que pretenden sus creadores.
"Ya no hay una revolución", explica esta artista mientras lo boceta, "Pero él, este coloso, se mantiene en pie, como si vigilara, cuidara, de todos estos edificios".
No es la única obra de arte que ha dejado la revolución. En esta rotonda, decenas de paraguas de colores forman otra escultura, defendiéndose del mundo, como hicieron cuando tuvieron que proteger a los manifestantes de los gases lacrimógenos de la policía.
"Vamos a seguir adelante. Este movimiento no ha muerto", reitera este joven, "Lo que lo originó sigue ahí: nuestras demandas de que podamos elegir democráticamente a quién nos gobierna y que no sea designado a dedo desde Pekín".
Prueba de ello es que han llegado numerosos artistas desde distintas partes del país para poner su granito de arena. Algunos, como estas chicas bajo varios paraguas, son arte vivo. Como ellas, muchos - por el momento- no están dispuestos a dejar su lucha y que quede en el olvido.