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La ofensiva militar en Mozambique empuja a miles de personas a una situación límite en Malaui

MSF advierte de que la vulnerabilidad de estos refugiados es "inmensa" y teme un repunte de las tensiones
Las operaciones militares lanzadas por el Gobierno de Mozambique contra las milicias han empujado a miles de personas a escapar hacia el vecino Malaui, en un intento desesperado por buscar seguridad aunque sea a costa de estar "hacinados" y en unas condiciones límite, en opinión de las organizaciones internacionales.
Las tensiones se han disparado en los últimos meses en las provincias mozambiqueñas de Tete, Zambezia y Sofala. Los medios locales informan de enfrentamientos prácticamente diarios desde que el Ejército lanzó en octubre de 2015 una operación para desarmar a milicias vinculadas al principal partido de la oposición (RENAMO).
La coordinadora de MSF en el campo de Kapise (Malaui), Whitney Ward, ha alertado en declaraciones a Europa Press de que nunca había visto un "hacinamiento" similar y la situación sigue empeorando. En apenas dos semanas, la población de este enclave a sólo 300 metros de la frontera se ha disparado un 40 por ciento y ronda ya los 6.000, en su mayoría mujeres, niños y ancianos.
"En mi opinión, la capacidad de acogida de este lugar ya ha sido sobrepasada con creces, no hay lugar para dar cabida a tanta gente", ha lamentado. Como ejemplo, ha citado que la única fuente de agua de la zona se ha secado y quienes van a por suministro --en su mayoría mujeres-- tienen que esperar unas dos horas y media para llenar sus bidones.
Ward teme que, a pesar de la generosidad de la población local, "pronto" surjan tensiones con los refugiados, especialmente por lo referente al agua. No en vano, en Kapise vivían apenas unas 150 familias y ahora, con la llegada incesante de personas desde Mozambique, son más de mil.
PELIGROS
La responsable de MSF en el campamento ha alertado de los peligros que acarrea la actual situación, con "cientos de pequeños habitáculos" que sirven como refugios "improvisados" y están construidos "los unos casi encima de los otros". "La gente cocina en pequeñas hogueras justo al lado del lugar donde duermen y los niños corretean de un lugar a otro sin darse cuenta del peligro", ha relatado.
A nivel médico, la situación también es preocupante. La mitad de las consultas en las clínicas de MSF están vinculadas a casos de malaria --más de 380 en sólo una semana-- y la vulnerabilidad de la población es "inmensa", según Ward, que considera incluso una "suerte" que no se hayan producido brotes de enfermedades contagiosas.
Ward ha citado, como "dato representativo" del riesgo, que el estándar mínimo en emergencias establece que, para una población de 5.500 personas, debería haber al menos 225 letrinas. "Sin embargo, a día de hoy sólo hay 14 en funcionamiento. Y aunque quisieran construir más, tampoco hay espacio donde hacerlo", ha apuntado.
MSF trabaja para mejorar las condiciones de vida de los refugiados y Ward ha citado como requisito "obvio" el traslado del campo, para llevar a la población "a un lugar donde no se reproduzcan estas condiciones de hacinamiento, proporcionarles los recursos adecuados y garantizar el acceso a la ayuda".
ABUSOS EN MOZAMBIQUE
Human Rights Watch (HRW) ha alertado de que el Ejército de Mozambique, con la "excusa de desarmar a las milicias de RENAMO", están cometiendo abusos tanto contra la insurgencia como contra la población civil ajena al conflicto. Por este motivo, una de sus investigadoras, Zenaida Machado, ha reclamado al Gobierno que investigue de forma "urgente" estas sospechas.
Decenas de refugiados en Kapise han descrito a HRW los abusos de los que habrían huido y que incluyen ejecuciones sumarias o traslados clandestinos. Los militares también han prendido fuego a viviendas y cosechas tras acusar a civiles de apoyar o alimentar a los milicianos.
"Llegué aquí sólo con lo que llevaba puesto. Los soldados del Gobierno quemaron mi casa y todas mis propiedades", ha explicado Ndane, un hombre de 74 años que ya vivió lo que es ser refugiado en Malaui durante la guerra civil concluida en 1992.
La violencia sexual también se ha extendido en medio de la violencia, como lo demuestran varios de los testimonios recabados por HRW --otros muchos permanecen ocultos por miedo o vergüenza--. Una mujer embarazada de 19 años ha contado cómo, al encontrarse con dos soldados de camino al mercado en Madzibawe, éstos la obligaron a tumbarse, le levantaron la falda y le realizaron todo tipo de tocamientos.
El Gobierno mozambiqueño alegó en enero que quienes estaban llegando a Malaui no eran refugiados, sino ganaderos que atraviesan la frontera de forma frecuente, algo que contradicen los propios afectados. "¿Por qué iba a dejar mi casa, mis campos y mis propiedades para venir y vivir en este campo saturado si estuviese segura en Mozambique?", ha preguntado una anciana.
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha instado a los gobiernos de ambas partes a respetar los derechos de estas personas y ha denunciado presiones para que regresen a una zona que, en vista de los relatos, continúa siendo insegura.