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El presidente electo filipino cree que los periodistas corruptos no están exentos de ser asesinados

El presidente filipino, Rodrigo Duterte, ha asegurado este martes que los periodistas corruptos son objetivos legítimos de asesinato, en medio de una intervención en la que buscaba defender su polémica cruzada contra los traficantes de drogas y otros delincuentes ofreciendo recompensas.
Duterte ganó las elecciones este mismo mes gracias a una campaña centrada en la lucha contra el crimen: su compromiso es matar a decenas de miles de supuestos criminales en seis meses.
En este contexto, Duterte ha asegurado, en respuesta a una pregunta sobre cómo abordaría el problema de los asesinatos de periodistas, que "sólo porque uno sea periodista no está exento de ser asesinado, si es un hijo de puta".
La semana pasada, un reportero fue asesinado en la capital del país, uno de los países más peligrosos para los miembros de este colectivo. En las últimas tres décadas, 174 periodistas han sido asesinados.
"Muchos de ellos, para ser francos, habían hecho algo", ha afirmado el presidente, en declaraciones recogidas por el diario filipino 'Inquirer'. "No te van a asesinar si no haces nada malo", ha añadido, insistiendo en que gran parte de los periodistas en el país son corruptos.
Asimismo, ha asegurado que la libertad de expresión prevista en la Constitución no necesariamente protege a las personas de las repercusiones violentas de la difamación. "No puede ser sólo libertad de expresión. La Constitución no te puede proteger si eres una persona irrespetuosa", ha indicado.
ASESINATO EN 2003
En este contexto, Duterte ha recordado el caso de Jun Pala, un periodista y político --abiertamente contrario al ahora presidente-- asesinado en Dávao en 2003 a manos de un hombre armado que le disparó desde una motocicleta. Este asesinato nunca llegó a resolverse.
"Si eres un periodista honesto, no te va a pasar nada", ha indicado Duterte, quien durante las últimas dos décadas fue alcalde de Dávao y a quien se le acusa de tener vínculos con los escuadrones de la muerte de la ciudad. "El ejemplo aquí es Pala. No quiero subestimar su recuerdo, pero era un horrible hijo de puta. Se lo merecía", ha afirmado.