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¿Te puedo hacer un chiste verde sin que me denuncies?

La nueva ley de Escocia contra los delitos sexuales contiene una cláusula que prohíbe la comunicación en términos sexuales. Ya ha levantado la polémica.telecinco.es
Escocia y el sexo. La nueva Ley contra los delitos sexuales en Escocia prohíbe la comunicación con otra persona usando términos subiditos de tono sin el consentimiento por escrito o de palabra del interlocutor. El que se atreva a hacerlo podrá ser considerado en el mismo rango que un violador o acosador sexual y condenado por ello. Así lo establece una clásula relativa a  la llamada "comunicación indecente".
En octubre entrará en vigor la nueva ley que ya ha levantado la polémica en Reino Unido. Una de sus cláusulas prohíbe comunicarse con alguien en términos sexuales.
Los legisladores han adoptado para la palabra la misma norma que se aplica a los actos violentos de carácter sexual y así podrán ser castigado algunos que se pasan en las redes sociales o en la oficina.
 La explicación, según las webs británicas es que si es normal para tener relaciones sexuales el consentimiento del otro, por qué no para tener un derecho general a ser protegidos de escuchar cosas que no queremos oír.
No existe hasta el momento una ley que funcione de la misma manera a la que protege nuestros cuerpos y  obliga a la autorización o no para disfrutar de ellos.
En las culturas occidentales, no es habitual pedir permiso o autorización para contar un chiste verde durante el transcurso de un chat o en una conversación en la oficina o en el bar por eso sienta tan mal la ley.
Eso sin contar con que la gente, por lo general durante las conversaciones educadas suelen hacer una transición a temas más erótico sin grandes aspavientos.
Ahora la nueva ley escocesa tratará de regular esta situación. De bromas de mal gusto y compañeros un tanto salidos, a criminalizar el asunto y hacer una ley para controlar los desmanes verbales va un largo camino que muchos medios ya califican de excesiva.
En Escocia, los jueces tendrán la última palabra, cuando quizá bastaba algo de inteligencia social y sentido común para que cada adulto pueda frenar o cerrar una conversación que no le agrade.