Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

La crisis venezolana dinamita el liderazgo de Capriles en la oposición

La crisis política en Venezuela ha terminado de erosionar el liderazgo de Henrique Capriles en una Mesa de la Unidad Democrática (MUD) cada vez más dividida por las aspiraciones ocultas de los jefes de cada uno de los partidos políticos que la forman para asumir las riendas de la coalición opositora ante la posibilidad real de hacerse con la victoria en las próximas elecciones presidenciales.
Los disturbios estallaron el pasado 12 de febrero, cuando millones de venezolanos marcharon por las principales ciudades del país para denunciar la escasez de productos básicos y la inseguridad ciudadana, así como la gran influencia del régimen cubano en los gobiernos 'chavistas'.
Aunque Capriles venía criticando desde hacía tiempo estos problemas, lo cierto es que la iniciativa de conseguir una gran movilización ciudadana partió del alcalde de Caracas, Antonio Ledezma; del líder de Voluntad Popular (VP), Leopoldo López; y de la jefa de Vente Venezuela, María Corina Machado.
Las marchas, convocadas con motivo del Día de la Juventud, transcurrieron con normalidad hasta el final de las mismas cuando un grupo de estudiantes, atendiendo el llamamiento de López, decidió salirse del recorrido oficial y avanzar hacia la sede de la Fiscalía, en Caracas, para entregar un documento con sus reivindicaciones.
Efectivos de la Policía y de la Guardia Nacional Bolivariana (PNG y GNB) se lo impidieron, dando lugar a un enfrentamiento, cuyos detalles aún son confusos, y prendiendo la mecha de la ola de violencia que recorre Venezuela desde hace casi dos meses y que, lejos de calmarse, va en aumento.
Capriles asumió una postura distante ante los continuos disturbios ocurridos en el marco de las marchas opositoras, en su mayoría encabezadas por Ledezma, López y Machado, así como por los líderes opositores que ostentan cargos públicos, como es el caso del alcalde de San Cristóbal -capital del estado de Táchira-, Daniel Ceballos.
"¿Hasta cuándo se va a esconder?", cuestionó el presidente venezolano, tachando de "cobarde" a Capriles y jactándose de "haberle puesto a trabajar". "Ahí lo tengo, si no fuera por mí estarían ustedes saben dónde", llegó a decir, acusándole de desatender sus funciones como gobernador del estado de Miranda.
De esta forma, pasó a un segundo plano cediendo el protagonismo, principalmente, a López que, acusado por el Gobierno de Nicolás Maduro de ser el "autor intelectual" de las "guarimbas" (peleas callejeras), decidió entregarse voluntariamente, asumiendo así el rol de preso político, en una multitudinaria marcha por Caracas hacia la sede del Ministerio de Justicia, Interior y paz.
La inmediata reclusión de López lo convirtió en una especie de mártir para la oposición venezolana que lo legitimó para seguir liderando, incluso desde la prisión militar de Ramo Verde, las continuas manifestaciones antigubernamentales, papel que le habría correspondido a Capriles, con mayor margen de maniobra por su libertad de movimiento.
Con su colega entre rejas, Capriles tuvo otra reacción sorprendente: mientras muchos esperaban que se convirtiera de nuevo en la voz de la oposición, hizo tímidas críticas al Gobierno por el encarcelamiento de López, hasta el punto de que la mujer del jefe de VP, Lilian Tintori, hizo público su descontento.
"Hemos recibido un fuerte apoyo de Ledezma y Machado y lo mínimo que espero de Capriles es que apoye a mi marido, como nosotros lo hicimos el año pasado durante la campaña electoral", dijo Tintori en una entrevista concedida a la colombiana Blu Radio.
LA IRRUPCIÓN DE MACHADO
Con López encarcelado y Capriles fuera de escena, Machado, una de las diputadas más combativas de la oposición en la Asamblea Nacional, supo aprovechar el espacio dejado por sus dos colegas convirtiéndose en la cara de la protesta contra el Gobierno de Maduro.
La líder de Vente Venezuela dio un paso más e inició una gira por la región para denunciar las supuestas violaciones de los Derechos Humanos cometidas por el oficialismo en el marco de las manifestaciones antigubernamentales, lo que la puso en el punto de mira del Palacio de Miraflores.
Machado llegó hasta la Organización de Estados Americanos (OEA), con sede en Washington, donde aceptó intervenir en el turno de palabra de Panamá -país con el que Venezuela ha roto relaciones por su "injerencismo"- para explicar la crisis política, algo que no llegó a hacer porque Caracas y sus aliados lo impidieron con una votación de última hora.
Esta aventura en la OEA ha supuesto para Machado su expulsión de la Asamblea Nacional, donde ha sido acusada de traición por representar a otro país, pero a la vez la ha situado como primera figura opositora. "No lograrán silenciarnos. Hoy, más que nunca, soy diputada y asumo mi responsabilidad de ser la voz de los venezolanos dentro y fuera de la Asamblea Nacional", ha proclamado recientemente.
RUPTURA EN LA MUD
Esta lucha de liderazgos ha acabado con la frágil unidad de la MUD, una coalición opositora que surgió en 2008 con el horizonte de las elecciones regionales de ese mismo año y que ha estado intermitentemente en la escena política venezolana coincidiendo con las citas en las urnas.
Las dos almas de la MUD se han hecho aún más evidentes con la actual crisis política. Por un lado, el sector liderado por Capriles, y el mayoritario en la coalición opositora, que aboga por distanciarse claramente de la violencia en la que ha desembocado la movilización estudiantil y reservar la energía para la verdadera batalla: expulsar al 'chavismo' del poder, algo que no será factible hasta 2015, cuando el mandato de Maduro podrá ser revocado.
"No voy a acompañar atajos que lleven al país a callejones sin salida", ha dicho Capriles, consciente de que la posibilidad de derrocar al Gobierno con la presión de la calle es una utopía que ni siquiera cuenta con el apoyo de la región, por la desestabilización que generaría en vecinos como Cuba o Nicaragua, entre otros.
Por otro lado, el sector más radical, abanderado por López y Machado y apoyado por el cada vez más poderoso movimiento estudiantil, que apuesta por fortalecer la protesta para tensar la situación hasta el punto de obligar al Gobierno a convocar a una Asamblea Constituyente con la que podrían acortarse los plazos de revocación presidencial.
"Hago un llamado al país a mantener y aumentar la presión hasta quebrar la dictadura. Estamos del lado correcto de la Historia. El que se cansa pierde", ha dicho López a través de una serie de mensajes publicados en la red social Twitter desde Ramo Verde.
La brecha entre estas dos facciones de la MUD ha aumentado a tenor de la insistente invitación del Gobierno a un diálogo que ha recabado el apoyo de toda la comunidad internacional, incluidos las principales organizaciones regionales, Estados Unidos y la Unión Europea.
López ha llamado a los suyos a no negociar "sin unas condiciones mínimas" en contra de lo dispuesto por la MUD, que ha aceptado dialogar con el Gobierno con la mediación de "un tercero de buena fe", renunciando así a una serie de requisitos previos, como la liberación de los manifestantes detenidos, el fin de la represión de las protestas y el desarme de los grupos civiles.
Hasta Maduro se ha hecho eco de las fuertes discrepancias en la coalición opositora. "Ahí se están matando. Hay un grupo contra otro, todos contra todos. Se formó la 'sampablera' (tremendo lío) entre esa oposición", indicó.