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Las víctimas se sienten arropadas, pero luego se quedan solas con su dolor

Los autores de un informe sobre los efectos de la violencia en la salud de las personas, Iñaki Markez, Itziar Larizgoitia (c) e Isabel Izarzugaza, de la Fundación Fernando Buesa Blanco, charlan durante la presentación del mismo hoy en Vitoria. EFEtelecinco.es
Las víctimas del terrorismo se sienten arropadas por la sociedad en los primeros momentos tras producirse un atentado, aunque con el tiempo muchas de ellas se encuentra solas con su dolor, según las conclusiones de un estudio impulsado por la Fundación Fernando Buesa.
La Fundación ha presentado hoy en Vitoria el estudio "La noche de las víctimas. Investigación sobre el impacto en la salud de la violencia colectiva en el País Vasco", el primero que se realiza en Euskadi para conocer las secuelas de los actos terroristas en la salud de las víctimas.
Esta asociación ha reclamado a las instituciones la puesta en marcha de acciones específicas para el tratamiento sanitario de las víctimas del terrorismo que, según un estudio, presentan entre 4 y 7 veces más riesgo que el resto de la población de sufrir secuelas físicas y emocionales.
El estudio ha sido realizado por investigadores, psicólogos y médicos entre los años 2005 y 2008 tras analizarse las vivencias de 36 víctimas y los parámetros de la salud de unos dos mil ciudadanos vascos; sus conclusiones ya fueron avanzadas en febrero durante el acto que anualmente organiza la Fundación en homenaje a las víctimas.
Sara Buesa, hija del dirigente socialista Fernando Buesa asesinado por ETA en 2000, ha señalado que la sociedad vasca está "moralmente enferma" y es "muy importante" que tome conciencia de cuál ha sido el daño causado a las víctimas en toda su dimensión.
Tras expresar su solidaridad con la viuda y familiares del último asesinado por ETA, el policía Eduardo Puelles, Buesa ha indicado que un atentado deja "huellas profundas" en las víctimas que requieren de un proceso de recuperación "muy doloroso, largo y costoso".
Ha hecho un llamamiento a las instituciones para que habiliten acciones destinadas al tratamiento específico, desde el punto de vista sanitario, de las víctimas que sufren problemas de salud que se prolongan durante largos períodos de tiempo.
Se ha referido así a los que sobreviven a los atentados, a los familiares directos de los asesinados y a los "miles de ciudadanos" que son víctimas de la persecución, extorsión y amenazas.
Por su parte, la médico Itziar Larizgoitia, que ha participado en la elaboración del estudio, ha constatado que aunque en los primeros momentos tras un atentado las víctimas se sienten arropadas por la sociedad, con el tiempo "se encuentran solas con su dolor" y muchas de ellas "aisladas socialmente y desamparadas".
El psiquiatra Iñaki Markez también ha incidido en la necesidad de reforzar la atención sanitaria a estas personas y de trabajar de forma preventiva en el ámbito educativo para crear "una cultura de socialización contra la violencia, todavía pendiente".
El estudio indica que la probabilidad de las víctimas de padecer problemas físicos es cuatro veces superior a la del resto de la población y la de tener riesgos emocionales y psicológicos siete veces superior.
En la mayoría de las víctimas se genera "un trauma, un choque emocional profundo que supone con frecuencia una ruptura vital", sobre todo entre quienes "nunca fueron reconocidos como víctimas o se recluyeron en su dolor".
El informe concluye que el dolor adopta "un sufrimiento emocional continuado" que puede tomar la forma de "tristeza, pena y llanto frecuente o también de cólera, miedo, culpabilidad, desconfianza y angustia".
Jaquecas, alteraciones digestivas, metabólicas, hormonales, anemias, alergias o dolores musculares son algunos de los problemas que afectan la calidad de estas personas, a los que se añaden la ansiedad y depresión.