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La vida después del zulo

Las autoridades les acondicionaron un espacio aislado del resto del edificio, de unos 70 metros cuadrados, con los cristales oscurecidos para facilitar la adaptación a la luz de los tres encerrados en el zulo, Elizabeth y su dos hijos varones, Stefan, de 18, y Felix, de cinco, porque Kerstin estuvo seis semanas en coma. Hablaban mucho entre ellos, algo normal para personas que no se han visto durante mucho tiempo. Los prodigiosos avances de la familia los conocimos a través del doctor Kepplinger, quien explicó que juntos realizaban ciertas tareas domésticas, como hacer la cama por las mañanas así como preparar juntos el desayuno y la cena.
Elizabeth, Stefan y Felix estuvieron durante semanas adaptándose a un nuevo espacio, superando las dificultades de orientación. Para facilitarles esto los médicos dotaron al espacio con los elementos que ya conocían y que habían sido proporcionados desde el exterior por su padre-abuelo secuestrador.
"Tienen de nuevo un acuario, y naturalmente, los niños han recuperado sus peluches, y sus juguetes", dijo el responsable médico. "Es esta una fase de creación del sentimiento y la imagen familiar" en que "los hermanos que no se habían visto se están conociendo por medio de juegos".
A Felix, el menor de los hermanos, lo describían como un niño especialmente "despierto y amigable" al que la piel se le está cambiando rápidamente a un tono normal gracias a la alimentación sana y el contacto con la luz. Elizabeth también ha tenido contacto con sus hijas de 14 y 15 años, "adoptadas" por Josef y Rosemarie Fritzl y que no había visto desde que tenían pocos meses.
El ritmo de adaptación de los tres encerrados era más pausado debido a que "el tiempo transcurría muy lento" en el zulo , y Elisabeth necesitaba varias siestas para poder sobrellevar el día a día. "Los niños que vivieron en el piso superior están acostumbrados a otro ritmo de vida y ahora les estamos ofreciendo más actividades".
Cuando se estabilizó la hija mayor Kerstin se reunió con el resto de la familia, al igual que la abuela, Rosemarie . Entonces supimos que a Kerstin le gustaba la música, que quería ir a un concierto de Robbie Williams y que tenía los mismos deseos que cualquier chica de su edad.
La protección de la privacidad de la familia fue siempre prioritaria. Por eso les dieron una nueva identidad, para que, cuando pudiesen reincorporarse a la vida en sociedad el apellido Fritzl no fuese un lastre.
Los hijos que vivían arriba fueron los que más actividades realizaron en el exterior. Lisa volvió alguna vez a su colegio. Salieron al campo, visitaron a los bomberos de la ciudad...Así hasta que un día abandonaron la clínica y se establecieron en una casa a las afueras de Viena. Al parecer la vida fuera del alcance de los médicos comenzó a deteriorar las relaciones madre-hija.
Elizabeth decidió que Rosemarie se fuese de la casa, harta de que sus hijos, los de arriba, la llamasen mamá. La imagen de Elizabeth valía millones y nadie consiguió capturar una imagen suya. Hasta que el tabloide británico sensacionalista "The Sun" publicó unas fotos en las que se aseguraba ver a Elizabeth y a Kerstin. Al parecer estaban irreconocibles, aunque esas fotos y su publicación, duramente criticadas por las autoridades y los medios austriacos, a día de hoy no se pueden encontrar en el archivo del periódico.