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El abandono de fosas comunes hace peligrar la investigación por genocidio contra el EI

Las fosas comunes de víctimas de las masacres perpetradas el año pasado por el Estado Islámico en la región de Sinyar, en el norte de Irak, se encuentran abandonadas, lo que podría suponer la pérdida de pruebas claves en un posible proceso por genocidio contra los responsables, según denuncia Human Rights Watch (HRW).

Las milicias del Estado Islámico atacaron en agosto de 2014 la región de Sinyar, provincia de Nínive, y mataron a cientos de civiles. La zona fue recuperada por fuerzas kurdas entre noviembre y diciembre de ese mismo año, cuando se hallaron numerosas fosas comunes. Sin embargo, desde entonces estas fosas permanecen sin custodia o se han retirado restos sin ningún tipo de control forense.
"Las fosas comunes del norte de Irak que ahora son accesibles están siendo manipuladas, lo que pone en entredicho cualquier futura acción judicial por un delito de genocidio contra el pueblo yazidí", denuncia HRW en un comunicado.
La investigación de HRW se ha llevado a cabo con la cooperación de la organización yazidí Yazda, quien visitó las fosas y las encontró sin ningún tipo de protección pese a la presencia de retornados, militares y periodistas. Los enviados de Yazda fueron incluso testigos de cómo se retiraban objetos de las fosas. Representantes de HRW visitaron hasta siete fosas en agosto de 2015.
Vecinos de la zona y funcionarios "han retirado restos humanos", destaca HRW. "En algunos casos aislados pensaron que podrían identificar a las víctimas, han explicado las autoridades, así que entregaron los restos a las familias para que fueran sepultados", apunta.
En otros casos, las autoridades kurdas decidieron directamente utilizar una excavadora para sepultar los restos para evitar que las inundaciones de primavera se lleven los restos con la corriente.
"La justicia para las víctimas yazidíes de los asesinatos en masa del Estado Islámico depende de la preservación de las tumbas del monte Sinyar", ha advertido el subdirector para Oriente Próximo de HRW, Joe Stork. "Las autoridades kurdas deben proteger las pruebas de estos lugares y evitar una mayor degradación provocada por las condiciones meteorológicas o por animales", ha añadido.