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Las matriarcas de la droga

Forman parte de clanes gitanos en los que cada uno tiene asignada una función. Lejos de lo que pueda parecer, la mujer no sólo consiente el trapicheo que sustenta a la familia, sino que participa de forma activa.
 Sostener el continuo trasiego de clientes en las casas que se alinean en los márgenes de las carreteras de los poblados requiere de una buena organización. Ellos se ocupan de vigilar y desviar la atención de la policía; la de ellas es la mano que despacha la mercancía tras la ventanilla de los despachos. Muchos son traficantes, pero se disfrazan de chatarreros y obreros cuando les preguntamos de qué viven. 
Acompañamos a "Los Rutas" de la Policía Municipal de Madrid en una patrulla rutinaria. Ellos conocen a la perfección cómo se produce el trapicheo, saben dónde se esconde la droga, pero necesitan una orden judicial para entrar en los despachos. Están preparados de tal forma que pueden deshacerse de la cocaina en cuestión de segundos. Pocas veces podemos ver el interior de estas casas.
En esta ocasión, acompañamos a unos clientes y accedemos al salón de una vivienda. Es una mujer de unos 50 años quien vende la droga sin preocuparle que, justo al lado, unos niños estén viendo la televisión. Los mismos pequeños que, en la calle, recitan palabras tan poco infantiles como "tranquis", "coca" o "caballo".