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Abogados de policías de Cartagena detenidos por la muerte de Diego Pérez piden reconstruir lo sucedido en Cala Cortina

Sostienen que sus clientes no pudieron cometer el delito que se les imputa porque sólo estuvieron entre dos y cinco minutos en la zona
Los abogados de varios de los policías de Cartagena detenidos por su presunta vinculación con la muerte de un hombre que desapareció en marzo, solicitan al juez la reconstrucción de los hechos con el fin de determinar el tiempo real que los acusados pudieron estar en el aparcamiento de Cala Cortina o en los alrededores donde apareció el cadáver de Diego Pérez el pasado 25 de marzo.
En concreto, según han informado a Europa Press fuentes jurídicas, los letrados sostienen que, según los tiempos marcados en la investigación dirigida por la Unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional, sus clientes no pudieron cometer el delito que se les imputa porque estuvieron sólo entre dos y cinco minutos en esa zona.
Por ello solicitan en un escrito presentado al Juzgado de Instrucción número 4 de Cartagena que dirige María Antonia Martínez Noguera que dicha prueba sea realizada, pero por expertos de la Guardia Civil de Tráfico o el gabinete de criminalística de dicho cuerpo.
Cabe recordar que el cadáver del hombre apareció en Cala Cortina (Cartagena) flotando con claras evidencias de violencia previas a su muerte. Los hechos ocurrieron presuntamente la noche del 11 de marzo, aunque no fue hasta el 13 cuando su familia denunció la desaparición al no tener noticias suyas.
FUE EL FALLECIDO QUIEN LLAMÓ A LA POLICÍA
El propio desaparecido había llamado dos días antes a la Policía Nacional en dos ocasiones para alertar de que algunos vecinos le estaban amenazando. Hasta el lugar se desplazó la Policía, que encontró al hombre en su domicilio, nervioso y excitado, pero no encontraron a ningún vecino ni a ninguna persona por los alrededores, por lo que los agentes se retiraron y continuaron su servicio ordinario.
Tras la segunda llamada fueron hasta tres coches patrulla ('zetas') los que se desplazaron hasta el domicilio del hombre situado en el barrio conocido como 'Las Seiscientas' de Cartagena. Según las declaraciones de los agentes a las que ha tenido acceso Europa Press, los seis detenidos coinciden en que el fallecido estaba muy nervioso e insistió en varias ocasiones que le sacasen del barrio, incluso intentó meterse en el coche.
Según admiten los policías, finalmente accedieron a llevárselo, pero en lugar de trasladarlo a Comisaría, lo llevaron a Cala Cortina sin dar parte a la centralita. Se lo ocultaron diciendo que la situación se había solventado simplemente "con presencia policial" (sin necesidad de intervenir).
En un primer momento la investigación policial en torno a la desaparición y muerte de Diego Pérez se centró en el entorno de la víctima y en concreto sobre los vecinos con los que había mantenido un enfrentamiento por el robo de unas bicicletas. Pero los investigadores no hallaron elementos suficientes para incriminar a nadie.
TESTIGO CLAVE
La investigación dio un vuelco después del testimonio de un testigo protegido que aseguró haber visto la noche del 11 de marzo como seis agentes se llevaban a una persona en un coche patrulla de la policía tras quitarle su chaqueta y dejarla tirada en la calle. Añadió este testigo que uno de los agentes llegó a golpear a Diego Pérez. También escuchó a uno de los policías decir que se lo llevaban a "la guarida".
Los investigadores de la Policía relacionan "la guarida" con Cala Cortina ya que tras el testimonio clave revisaron numerosas cámaras de seguridad de Cartagena y descubrieron a los tres coches de policía dirigiéndose a Cala Cortina. Tras su arresto los seis policías han reconocido que llevaron al fallecido hasta ese lugar, pero que al llegar Diego Pérez salió corriendo y le perdieron de vista. Niegan haberle matado y aseguran que minutos después volvieron a Cala Cortina para buscarle, pero ya no lo encontraron.
Ahora sus abogados piden reconstruir ese momento. La autopsia realizada sobre la víctima determinó que Diego Pérez presentaba diversas lesiones y fracturas en varias vértebras que había sufrido previas a su muerte. La autopsia también descartaba que hubiese sido arrojado al mar desde un acantilado. Su cuerpo apareció flotando en el mar dos semanas después.
Los policías, en prisión desde la semana pasada por detención ilegal y homicidio/asesinato, sostienen que nunca dijeron nada de lo que sucedió aquella noche a pesar de la denuncia de su desaparición y la confirmación posterior de muerte por miedo, pero niegan haberle matado.