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Desmond Tutu invita a crear un mundo mejor en la clausura del "Foro de la Reconciliación"

El Premio Nobel de la Paz Desmond Tutu clausuró hoy en Washington el "Foro de la Reconciliación", un evento que subrayó la complejidad de la naturaleza humana, la fuerza destructiva del odio y el poder liberador del perdón.
Tutu cerró el evento con una invitación a que cada persona ayude, a nivel individual, a construir un mundo mejor.
"Si fue posible la reconciliación en Sudáfrica, también lo es en Oriente Medio o Zimbabue", dijo el arzobispo sudafricano.
"Tú, y tú y tú", dijo fijando la mirada en varios de los asistentes a la conferencia, "pueden cambiar las cosas".
La intervención de Tutu, presidente honorífico del evento, puso el broche a una apretada agenda, que contó, entre otros, con relatos de refugiados sudaneses, víctimas del genocidio en Ruanda, supervivientes de campos de concentración, un ex líder pandillero neonazi y el joven Ishmael Beah, que de niño fue soldado en Sierra Leona.
A ellos se sumaron políticos como el ex líder soviético Mijail Gorbachov y el primer ministro peruano Yehude Simon, artistas como el cantante brasileño Gilberto Gil y defensores de la justicia como el fiscal de la Corte Penal Internacional Luis Moreno Ocampo.
Fue un evento que puso al descubierto la compleja interacción del bien y el mal en el mundo, en palabras del propio Gil.
Buena prueba de ello fue la exposición del fotógrafo James Nachtwey, quien hizo un repaso por los conflictos de Afganistán e Irak, las hambrunas y el sida de África y la tuberculosis que aún sufren los desheredados del planeta.
Las fotografías, que fueron exhibiéndose en una pantalla mientras el autor hablaba del momento en el que las tomó, son testigo del sufrimiento en el mundo, pero también, explicó el artista, del poder del "amor épico" que ilustró la imagen de una madre abrazando a su hijo moribundo y las de un compasivo misionero a quien Nachtwey describió como "lo más próximo a un santo" que ha conocido nunca.
La mayoría de las víctimas que desfilaron por el evento compartieron una misma lección, la de que vale la pena perdonar.
"Es una libertad enorme el perdonar y reconciliarse con alguien", dijo Immaculée Ilibagiza, una joven Tutsi ruandesa en el vídeo inaugural de la jornada, obra de Jesse Dylan, autor del famoso vídeo musical "Yes we can" que respaldó la campaña del ahora presidente estadounidense, Barack Obama.
"Si yo puedo perdonar creo que cualquiera puede", añadió Ilibagiza, que perdió a 95 miembros de su familia en el genocidio que tuvo lugar en Ruanda en 1994.
Similar opinión comparte Francis Bok, un joven sudanés de 29 años que fue secuestrado y convertido en esclavo a los siete años, una situación de la que no escapó hasta diez años después.
"Si hubiera seguido aferrándome a la ira que sentía, habría tenido una vida miserable", dijo a Efe Bok.
Paul Rusesabagina, el ruandés en el que se inspiró la película "Hotel Ruanda" opina también que cualquier pueblo que quiera avanzar "tiene que perdonar".
Aun así, Rusesabagina cree que es necesario hacer justicia y celebró, en declaraciones a Efe, el que la Corte Penal Internacional (CPI) emitiese a principios de este mes una orden de arresto sobre el presidente sudanés Omar Hasán Al Bachir por crímenes de guerra y lesa humanidad.
"La Corte Penal Internacional ha enviado a los dictadores un mensaje contundente, el de que no son intocables", afirmó Rusesabagina.
Luis Moreno Ocampo, el fiscal de la CPI, defendió también el rol de la justicia.
"Tengo que confesar que no soy un santo", afirmó Ocampo, para añadir que "si alguien violase y matase a mi hija no creo que pudiese reconciliarme con el asesino".
"Pero no debo de matar al asesino. Si lo hago tengo que ser penalizado por la ley", indicó, para explicar que es la ley la "que permite a los pecadores coexistir, vivir juntos".
El "Foro de la Reconciliación", organizado por la fundación Americas Business Council, un centro creado por el presidente de Televisa Emilio Azcárraga, arrancó con la premisa de que la reconciliación es "difícil, larga y laboriosa".
Aun así, los organizadores insistieron en que casos como el de Sudáfrica revelan lo mucho que pueden hacer las instituciones para facilitar e impulsar la reconciliación en el mundo.