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Gritos de '¡Josué, libertad!' en la Plaza de Oriente por el 20-N

La madrileña Plaza de Oriente ha acogido un nuevo simulacro de "resistencia nacional", en el que "la reserva espiritual de occidente" reducida a unos 1.000 manifestantes- ha recordado a su principal baluarte, Francisco Franco, y se ha reivindicado como la única fuerza que puede sacar a España de la "crisis moral" que atraviesa desde el principio de la democracia.
La imagen de Blas Piñar, fundador de los Guerrilleros de Cristo Rey y de Fuerza Nueva, representa una aproximada metáfora de la decrepitud del movimiento nacionalista extremo español, que este fin de semana celebraba otro 20-N entre prohibiciones, ausencias y, en general, una progresiva desaparición de las generaciones que se encerraron en el búnker del tiempo para no aceptar lo inevitable: la llegada de la globalización, de Europa y de la democracia.
Atacados
En un estado de crispación permanente con roces entre distintos militantes en el propio acto: católicos, lefebvristas, falangistas o neonazis- los organizadores de este nuevo aniversario de la muerte del Caudillo, la Confederación Nacional de Combatientes, han protestado por las "agresiones provenientes de grupos de extrema izquierda" que padecen frecuentemente los "militantes patriotas", sin que ningún medio de comunicación se digne a prestarles su apoyo.
Viejos lenguajes
En ese momento, se recordó la situación del ultraderechista Josué, asesino del militante antifascista Carlos Palomino. Para uno de los ponentes de la tribuna, ningún medio habría mencionado que el "patriota" se enfrentaba a una turba de enemigos que habrían prometido "degollarlo" en pleno metro. Los gritos de '¡Josué, libertad!' se multiplicaron entre una audiencia que, aburrida del lenguaje de la vieja nomenklatura fascista, parecía exigir algo más de violencia para continuar la "lucha".
Cualquier tiempo pasado
En efecto, parece claro que cada vez son menos los ancianos y cada vez más los jóvenes cabezas rapadas que no vivieron ni la dictadura ni la transición. En los puestos de libros se recordaba la figura de Adolf Hitler y se negaba el Holocausto.