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Hungría sobresaltada por el éxito del movimiento extremista y racista Jobbik

La candidata del partido de extrema derecha Por una Mejor Hungría "Jobbik" Krisztina Morvai (2-d) celebra junto al líder del partido, Gabor Vona (2-d) y a los otros dos candidatos ganadores, Csanad Szaged (i) y Zoltan Balczo (d), después de que su partido ganase 3 de los 22 mandatos de Hungría en las elecciones del Parlamento Europeo. EFE/Archivotelecinco.es
El movimiento político Jobbik, con un discurso abiertamente racista y ultranacionalista, dio, contra todo pronóstico, la gran sorpresa en Hungría con casi el 15 por ciento de los votos en las recientes elecciones europeas e hizo sonar las alarmas en el gobierno de Hungría y de sus vecinos.
Con la promesa de garantizar el orden y la seguridad pública, el Movimiento por una Hungría Mejor (Jobbik) se situó el domingo pasado a menos de tres puntos de la segunda fuerza política, la gobernante socialdemocracia.
El voto protesta contra el plan de ajuste del Gobierno en medio de una crisis que golpea con especial virulencia al país, ha llevado en volandas a Jobbik y a su cabeza de lista, la abogada de derechos humanos Krisztina Morvai.
Como antiguo miembro del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer en la ONU, la futura eurodiputada tiene un currículum que no se ajusta a lo que se podría esperar de una política ultraderechista.
De cuidada imagen, Morvai niega ser antisemita o racista y asegura que no quieren servir a las altas finanzas de forma que Hungría se convierta en una colonia, las personas se hundan en la pobreza y sean esclavos en su propio país.
Ante la insistente crítica de su discurso xenófobo, la abogada, de 46 años, señaló en una reciente declaración escrita que "estaría contenta si los llamados judíos patriotas húngaros fueran a jugar con sus pequeñas pollas circuncidadas en vez de demonizarme".
Esta frase causó fuertes protestas no sólo de parte de la comunidad judía del país, diezmada durante el Holocausto.
El primer ministro, Gordon Bajnai, calificó a Jobbik como un "partido extremista" cuya irrupción es un "enorme problema".
Y los lemas irredentistas en "defensa de la tierra húngara" han despertado también la inquietud en Serbia, Rumanía y Eslovaquia, donde existen importantes minorías magiares.
Una de las prioridades de Jobbik es luchar por la autonomía de los magiares que viven en los países limítrofes.
El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ya ha asegurado que el éxito de la formación es "una causa de inestabilidad" y también el Gobierno rumano se ha mostrado preocupado por la victoria de los extremistas magiares.
Jobbik cuenta entre sus filas con la llamada "Guardia Húngara", una milicia paramilitar de incuestionable parafernalia fascista a la que se acusa de instigar una campaña contra la comunidad gitana.
En los últimos meses fueron asesinados cuatro gitanos y muchos acusan a la Guardia de contribuir a la tensión y los prejuicios contra el estimado medio millón de personas de esa etnia.
La Guardia ha desfilado por arrabales romaníes en las zonas más deprimidas del país para protestar contra lo que ellos definen como "el crimen gitano", a pesar de que las estadísticas oficiales no separan los delitos por origen étnico de los acusados.
Hungría, que tras la caída del comunismo fue durante años el país modelo de la transformación político-económica, se encuentra sumida en una de sus peores crisis.
El país sólo se mantiene a flote gracias a un préstamo de 20.000 millones de euros del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la economía caerá este año más del 6 por ciento.
En medio de la incertidumbre y las medidas de ajuste, lemas como "protegeremos el mercado húngaro de los alimentos extranjeros de mala calidad" han recabado apoyo entre la población rural y también en las zonas más pobres, al norte y este del país.
Los votantes de Jobbik, según los analistas, se definen como "patriotas húngaros" y muchos pertenecen a la clase media y temen que la crisis les aboque a la precariedad.