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Así es la 'Taqiyya', el recurso de los yihadistas para incumplir el Corán, pasar desapercibidos y atentar

Las fuerzas de seguridad admiten que supone un obstáculo añadido en sus investigaciones
Yihadistas que bebían alcohol, consumían drogas o incluso acudían a clubs de alterne para hacer negocios. Esta aparente contradicción se justifica en algunos casos en la denominada 'Taqiyya', un recurso aceptado en el terrorismo islámico para engañar o esconder su condición de yihadista antes de cometer un atentado.
Este principio justifica llevar una vida alejada de los mandatos islámicos cometiendo acciones que se consideran 'haram' (pecado) en esa religión. Se trata de vivir una vida similar a la sociedad que les rodea siempre que el objetivo sea atacar a esa misma sociedad a la que consideran apóstata o infiel.
Según precisa a Europa Press el experto en movimientos yihadistas del International Security Observatory (ISO) José María Gil Garre, esta corriente es considerada una herejía por parte de todas las escuelas oficiales del islam ya que tiene su origen en una mala interpretación de las sagradas escrituras islámicas.
No es en el Corán --indica--, sino en el conjunto de dichos y hechos atribuidos al profeta Mahoma donde se dice que "el musulman que se encuentre en peligro de muerte por el hecho de ser musulman tiene derecho a engañar a aquel que le quiere matar por ser musulman". Gil Garre sostiene que, de ese principio, los yihadistas concluyen que "es licito engañar al 'infiel' con tal de poderlo atacar".
UN RETO PARA LA POLICÍA
El pasado viernes se celebró en Madrid un foro hispano-marroquí centrado en la lucha antiterrorista que contó con representantes de las fuerzas de seguridad de ambos países. El comandante de la Guardia Civil, Ferrer Salas, admitía las dificultades que supone la 'taqiyya' a la hora de desarrollar investigaciones.
"Uno de los recursos a los que nos hemos enfrentado en algunas investigaciones es ver la vida eminentemente occidental alejada de las costumbres musulmanas que deberían llevar los investigados. Incluso durante la investigación se va observando que paralelamente intentan ocultarse e integrarse en la sociedad usando ese recurso de la 'taqiyya' que tienen permitido, según ellos mismos", explicó.
En ese sentido, añadió el comandante que "eso no es ni más ni menos que otra traba más para la investigación policial". "Si fuera todo tan fácil como encontrarnos por la calle a una persona con la espada y la bandera del Daesh y con un fusil en la mano, lo tendríamos todo hecho. Lamentablemente nos encontramos con que el investigado en su ánimo de pasar desapercibido y poder desarrollar sus actividades criminales, intenta ocultarse", zanjó.
Desde el Cuerpo Nacional de Policía, las fuentes consultadas por Europa Press también admiten la existencia de este concepto, pero sostienen que en España no es del todo habitual esta corriente.
ENTRE LOS CONSEJOS DE DAESH
El año pasado la revista Dar Al-Islam, editada en francés por la productora Al Hayat de Estado Islámico, incluía una serie de recomendaciones para sus fieles entre las que se incluía disimular "los signos religiosos exteriores" como afeitarse la barba o aparcar la obligación de que su ropa no toque suelo infiel (suelen llevar los pantalones remangados).
Les instruían incluso para que, a la hora de ir a comprar armas, adopten el "aspecto de un joven de ciudad que busca cometer un atraco con un arma". "Sobre todo no os dejéis llevar por un exceso de entusiasmo y no habléis de vuestro verdadero objetivo", añadía el texto.
Gil Garre precisa que, dentro de este precepto, cabe casi cualquier actividad, desde el alcohol, las drogas, recurrir a la prostitución o actividades delictivas relacionadas como el narcotráfico o el tráfico de armas o explosivos. Advierte este experto que quien adopta la 'taqiyya' ni siquiera acude a los centros religiosos habituales o las mezquitas, sino que reza en lugares privados fuera del alcance de su entorno para pasar desapercibido.
Advierte de que entre los terroristas más conocidos por la magnitud de sus atentados se encuentran algunos que usaron este recurso. Cita a Jamal Ahmidan, 'El Chino', cabecilla de la célula que llevó a cabo los atentados del 11M en Madrid. Este yihadista marroquí vivió durante años en España, pero volvió a su país donde pasó por la cárcel. Allí experimentó su radicalización y al recuperar la libertad regresó a España.
EL CABECILLA DEL 11M
Se afeitaba la barba, guardaba una apariencia occidental, bebía alcohol, se casó con una española con la que tuvo un hijo, compaginaba sus planes para llevar a cabo el mayor atentado terrorista de la Historia de Europa con reuniones en clubes de alterne o ganaba dinero con el tráfico de hachís.
Fueron sus negocios al margen de la Ley lo que le conectó con la trama asturiana de Avilés liderada por el ex minero Emilio Suárez Trashorras, que le suministró los explosivos para los atentados y que, según dicen, jamás sospecharon que 'El Chino' tuviese motivaciones religiosas.
"Es como si llevasen una doble vida. Usan el engaño para hacer la yihad", insiste Gil Garre. Añade que esta corriente también se arroga la autoridad de señalar como infieles o apóstatas a los propios musulmanes, tanto a personas concretas como a sociedades de países musulmanes que, a su juicio, se han alejado de la dirección correcta, generalmente por alinearse con países occidentales.
También se refiere a terroristas que han atentado en Europa tras pasar por Siria o Irak y que al volver sus países de origen lucían una apariencia perfectamente occidental antes de llevar a cabo su acción. "Desde el punto de vista policial, esto se considera como un verdadero reto", señala.