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Test para el futuro de la UE en Irlanda y la República Checa, los países díscolos

El ex primer ministro checo y presidente del Partido Cívico Democrático, Mirek Topolanek, se registra en una mesa electoral antes de votar. EFEtelecinco.es
Irlandeses y checos acuden hoy a las urnas para elegir a sus eurodiputados, en una jornada que se interpreta como un importante test para el futuro de la integración europea dado el euroescepticismo de los dos países y su situación como obstáculos para la ratificación del Tratado de Lisboa.
La casualidad ha hecho coincidir la votación en los dos Estados miembros de los que depende de forma más inmediata la suerte del texto y que, por tanto, tienen en sus manos el futuro de la reforma institucional de la Unión Europea (UE).
Las elecciones, cuyos resultados no se conocerán hasta la noche del domingo, se presentan en ambos países, en parte, como un plebiscito en favor o en contra de Europa.
En el caso de Irlanda, la votación será una prueba de cara al referéndum sobre el Tratado que el Gobierno tiene previsto convocar en octubre para intentar sacar adelante el texto que los ciudadanos rechazaron el pasado año.
Mientras, la República Checa -que preside este semestre la UE- vive con un gobierno de tecnócratas tras la caída del Ejecutivo de centroderecha de Mirek Topolanek y el Tratado está aún pendiente de la firma del presidente del país, el reconocido euroescéptico Vaclav Klaus.
El futuro de Europa ha sido una constante en las campañas de los dos países, en especial, a través del nuevo partido panaeuropeo Libertas.
Este grupo, creado por el empresario irlandés Declan Ganley -uno de los artífices de la campaña del "no" a Lisboa en la isla- aspira a lograr algún representante en ambos países, aunque parece difícil a tenor de los sondeos.
En cualquier caso, Libertas ha hecho mucho ruido durante los meses previos a las elecciones, tratando de convertir los comicios en un castigo a la clase dirigente europea.
Al mismo tiempo, las elecciones tendrán un importante componente nacional en las dos naciones.
En Irlanda, donde los electores tienen que renovar también 114 gobiernos locales y cubrir dos escaños que han quedado vacantes recientemente en el Parlamento nacional, se prevé un voto de castigo contra el Gobierno de Brian Cowen, a quien está pasando factura su actuación ante la profunda crisis económica que sufre el país.
Pese a que los sondeos para las elecciones locales sitúan al gobernante Fianna Fail en mínimos históricos, no se prevé un gran cambio en el reparto de escaños en el Parlamento Europeo (PE).
En la República Checa, en crisis política tras la caída del Gobierno por una moción de censura, las europeas se plantean como una preparación de las elecciones generales que tendrán lugar en octubre.
Las encuestas sitúan en cabeza a los socialdemócratas de la oposición, aunque con el ODS de Topolanek muy cerca.
Los eurodiputados que obtenga este partido serán protagonistas en los primeros meses de legislatura, pues junto a los conservadores británicos y polacos tratarán de constituir un nuevo grupo parlamentario en la Eurocámara, con un tinte euroescéptico y contrario a Lisboa.
La participación en el caso checo -donde las urnas seguirán abiertas mañana- será muy baja y rondará, según los sondeos, el 30 por ciento, un dato próximo al 28,30 registrado hace cinco años.
En Irlanda, mientras, debería recibir un impulso por la coincidencia con las elecciones locales.
En 2004, un 58,58 por ciento de los irlandeses fueron a votar, una participación alta teniendo en cuenta que en los dos últimos comicios nacionales la participación se situó entre el 60 y el 70 por ciento.
En otros países de la UE, como Dinamarca u Holanda, la participación en las europeas suele caer hasta un cincuenta por ciento respecto a las generales.