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Por primera vez un juez ordena una exhumación en el Valle de los Caídos

Manuel Lapeña Altabás desapareció de su casa un día de 1936. Su nieta Purificación Lapeña Altabas recuerda que siempre le contaron que se lo llevó la Guardia Civil a Calatayud y que fue asesinado junto a otras personas en un barranco y que lo mismo le pasó al hermano de su abuelo, Ramiro, que había huido al monte pero que lo convencieron para que bajara diciéndole que no le iba a pasar nada y también lo mataron.

Ambos hermanos, Manuel y Ramiro, acabaron en fosas comunes. Ambos fueron trasladados en 1959 al Valle de los caídos cuando esas fosas se vaciaron y ahora ambos tienen que ser exhumados para que puedan tener un entierro digno. Así lo ha ordenado un juez. Y ese auto, asegura el abogado de la familia Eduardo Ranz, abre un precedente para que otras familias puedan solicitar lo mismo.

La causa fue desestimada en el Supremo y en Estrasburgo pero la vía civil ha dado la razón a la familia. Los hermanos Lapeña Altabás están, se supone, en un columbario junto a otros 80 cuerpos. Encontrarlos e identificarlos puede resultar complicado. Patrimonio Nacional debe encargarse de las obras. Los problemas, que los restos no se hayan corrompido, algo posible según el antropólogo forense Francisco Etxeberría. También es importante que existan familiares cuyo ADN sea lo suficientemente directo como para efectuar la comparación como recuerda el catedrático de medicina legal y forense de la Universidad de Granada José Antonio Lorente. Esas son las dificultades, el hito es la victoria judicial que por primera vez ordena la exhumación de los restos mortales de víctimas del franquismo en el Valle de los Caídos.