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Se jubila 'madame' Le Vert, la eterna juez antiterrorista azote del santuario francés de ETA

Colaboradores suyos reconstruyen el perfil de la hermética magistrada, una figura clave para el final del terrorismo etarra
La juez Le Vert pondrá fin en junio a 40 años de carrera, la mayoría de ellos estrechamente ligados a la lucha contra ETA. Su papel fue clave a la hora de desarticular el santuario con el que durante años contaron los etarras en Francia. A pocas semanas de su jubilación, colaboradores suyos a ambos lados de la frontera reconstruyen para Europa Press la figura de esta magistrada hermética que nunca ha concedido entrevistas ni acepta condecoraciones de España.
De familia pudiente y sin embargo austera hasta en el vestir, desconfiada, rigurosa, de ideas conservadoras y contraria a las negociaciones con ETA. La banda le incluyó entre sus objetivos. Una "monja juez" habituada a vivir entre montañas de documentos escritos de su propio puño y letra, pero con la sensibilidad suficiente de derrumbarse y llorar junto a los padres de dos asesinados por los terroristas. Así es 'madame' Le Vert.
Todas las personas consultadas por Europa Press para esta información han rehusado figurar con su nombre: "A ella no le gustaría, aunque sea para hablar bien. Siempre ha huido de los focos y ha detestado la figura del juez protagonista". Su habitat natural es un despacho atestado de papeles e informes que se van apilando casi hasta el techo. En sus inicios era un recóndito cuarto de pequeñas dimensiones ubicado al final de un pasillo subterráneo. Tras una reforma en el Palacio de Justicia le fue asignado un lugar más espacioso.
Ese incremento en metros cuadrados es también una metáfora del cambio de mentalidad que experimentó Francia respecto a ETA, tarea en la que, según los testimonios recabados, fue imprescindible la intervención de esta magistrada sin ninguna vinculación previa con España.
Laurence Le Vert nació el 19 de febrero de 1951 en el seno de una familia adinerada. No habla español, ni siquiera tiene a España como destino de vacaciones. Cuando quiere descansar prefiere retirarse a una casa de campo de su propiedad fuera de París. Contrajo matrimonio con un abogado británico y su apellido de casada es Crosthwaite, pero nunca lo ha usado pese a que en Francia es algo habitual.
SU NUERA ES ESPAÑOLA
Casualidades de la vida, uno de sus hijos que vive en Bruselas se ha casado recientemente con una joven madrileña. El enlace tuvo lugar en la emblemática iglesia de Los Jerónimos, al lado del Museo del Prado de Madrid. Pero pocos más vínculos personales guarda con España esta jueza que dedicó buena parte de su carrera a salvar vidas españolas.
"Sustituyó al juez Boulouque, que se suicidó en 1990, y a partir de ahí se enganchó al tema, lo adoptó como algo personal", explica una de las pocas personas en las que confía en España. "Sin ella ETA no habría acabado", se muestra tajante este ex alto mando de la lucha antiterrorista.
Según recuerda, "los jueces franceses no sabían nada de ETA y ella era una jueza de instrucción, no era una jueza de tribunal sentenciador. En ocasiones se acercaba hasta el juicio para advertir a los magistrados de las artimañas dialécticas que iban a usar los acusados".
Cuando se pregunta por Le Vert se repiten casi de forma sistemática dos formas de describirla: "austera" y "rigurosa". "Es la que más sabe de ETA", coinciden algunos de los entrevistados. Sobre esto último, hay quien sostiene incluso que es la que más sabe de la banda a ambos lados de la frontera.
"UNA MONJA JUEZ"
Recientemente tuvo lugar una reunión entre responsables de la lucha antiterrorista de España y Francia en la que ella estaba presente. Comenzaron a hablar de un coche robado por ETA en el país galo, un Renault de color azul. En ese momento ella se giró y recordó a los presentes que en la parte de atrás del vehículo había una sillita de bebé. Habían pasado 14 años del robo.
En gran parte ese conocimiento minucioso se debe a que se encargaba personalmente de redactar todos los escritos que salían de su Juzgado. "Ella entra en el despacho a las 8 de la mañana y sale a las diez de la noche. Todos los días. Sólo trabaja con una secretaria, pero ha tenido muchas. Ninguna le sigue el ritmo", comenta alguien que le ha visto trabajar. "Es como una monja juez del terrorismo", añade otro de los entrevistados.
Sus investigaciones han llevado a la cárcel a centenares de etarras, muchos de ellos 'generales' de la banda que se escondían en el país galo. Era cuestión de tiempo que los terroristas incluyeran su nombre entre sus objetivos. ETA le sometió a vigilancias pese a que la banda se cuidaba mucho de no realizar atentados en Francia.
"En una documentación incautada en tiempos de 'Susper' (Ibon Fernández de Iradi, principios de la década de los 2000) se descubrió que le habían seguido del trabajo a su casa varias veces. Ya tenían el itinerario marcado. Finalmente ETA no se decidió a dar el paso", recuerda un responsable de las fuerzas de seguridad españolas. "Cuando ella se enteró, ni se inmutó", añade. En Francia apenas 50 personas llevan escolta y la juez Le Vert es una de ellas.
Alguno la define como "autoritaria". "Era muy difícil llevarle la contraria", dice un compañero suyo de profesión. "Es seca, seca, seca... no recuerdo haberla visto sonreír nunca", confiesa otro magistrado para quien su excesiva rigurosidad soponía un problema en cuanto que prolongaba en exceso las investigaciones.
El DÍA QUE LE VERT LLORÓ
Pese a esa imagen fría y distante, hay quien ha visto derrumbarse y llorar a Le Vert. Concretamente quienes estaban presentes el día en el que recibió a los padres de Raúl Centeno y Fernando Trapero, los dos guardias civiles asesinados en Capbreton (Francia) en 2007, un caso en el que la juez se implicó personalmente.
Quienes la aprecian coinciden en señalar que su mayor defecto sea seguramente la desconfianza, un carácter receloso casi hasta el extremo forjado en algunas malas experiencias al inicio de su carrera. "Un juez debe confiar más en quien le rodea", lamenta uno de sus allegados que tiene su número de teléfono, un privilegio al alcance de muy pocos.
Detesta las filtraciones a la prensa, algo que, a su entender, se produce en España demasiado a menudo. Su celo en este sentido le lleva a controlar personalmente las fotocopias de los documentos que salen de su Juzgado.
La austeridad de Le Vert se hace evidente incluso en su apariencia física: semblante serio, aspecto casi desaliñado, vestimenta oscura, de vez en cuando una camisa blanca... "Es una mujer que impresiona", dice una compañera y amiga suya. Otras personas consultadas discrepan en cambio de su carácter parco y sostienen que con quien tiene confianza sí se muestra desenfadada.
CONTRARIA A NEGOCIAR CON ETA
Tiene ideales políticos, es conservadora. También su propia forma de entender la lucha antiterrorista, siempre contraria a los procesos de negociación con ETA que han practicado casi todos los gobiernos españoles. Uno de los entrevistados relata que en la negociación del año 2006 entre la banda y el Gobierno de Zapatero, la juez Le Vert recibió desde España el mensaje de aflojar la presión sobre los miembros de ETA en Francia, pero hizo caso omiso.
Ha rechazado diversas condecoraciones por parte de España. Tan sólo aceptó una a principios de los noventa y fue la última. Apuntan sus allegados que en esa decisión pudo influir los reproches que recibía su estrecha colaboradora, la fiscal Irene Stoler, quien también fue condecorada y tenía que soportar constantemente que los acusados por terrorismo le acusasen de estar vendida a España .
Ahora, con 65 años, ha confesado a su círculo privado que tras su jubilación está dispuesta a aceptar todos los reconocimientos que se le quieran otorgar. Desde las fuerzas de seguridad ya avanzan a Europa Press su intención de hacerlo.