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Zestoa (Guipúzcoa) "salda su deuda" con un homenaje a Ceferino Peña, asesinado por ETA en 1980

La hija de la víctima anima a seguir "sin odio, el camino de la paz" para "superar el dolor" y que "lo sucedido no vuelva a ocurrir"
Vecinos del barrio de Arroa behea y Narrondo de Zestoa (Guipúzcoa) y el Ayuntamiento de esta localidad han rendido homenaje este domingo a Ceferino Peña, carrocero asesinado por ETA "por error", según confirmó la banda terrorista posteriormente, el 16 de mayo de 1980, "saldando" así la "deuda" que mantenían con él y su familia, según ha manifestado el alcalde zestoarra, Josetxo Mendizábal (PNV). La hija de la víctima, Cristina Peña, ha animado a seguir "sin odio, el camino de la paz" para "superar el dolor" y que "lo sucedido no vuelva a ocurrir".
El acto en memoria de Peña se ha celebrado tras una misa en el denominado 'Rincón de la memoria' de Arroa Behea, donde se ha descubierto un monolito en su recuerdo, junto al existente ya en este espacio en homenaje al expresidente de Adegi asesinado por ETA en el 2000, Joxe Mari Korta, amigo íntimo del homenajeado y también vecino del municipio. Al lado se recuerda también al histórico militante comunista Marcelo Usabiaga y a los republicanos víctimas de trabajos forzosos tras la Guerra Civil en este barrio de Zestoa.
A la cita han acudido decenas de personas, entre ellas, familiares de Peña, encabezados por su viuda y su hija, Cristina Peña. También han estado presentes la exdirectora de la Oficina de Víctimas del Terrorismo Maixabel Lasa, el periodista víctima de la banda terrorista Gorka Landaburu, la jeltzale Maribel Vaquero, familiares de Joxe Mari Korta, los ediles de EH Bildu en Zestoa Mikel Arregi e Iñaki Uranga, y Miguel Usabiaga, hijo del miliciano y republicano ya fallecido Marcelo Usabiaga.
El alcalde de Zestoa, visiblemente emocionado, ha señalado que espera que las nuevas generaciones tengan "presente ante este rincón memorial a donde nos lleva la intolerancia, la sinrazón, el deterioro de la convivencia, la falta de respeto a otros ideas" y que cuando pregunten quienes eran Korta y Peña, se les pueda decir que "eran gente normal, vecinos que, a su manera, intentaron trabajar para mejorar nuestra vida".
Tras destacar que con este homenaje el pueblo de Zestoa "salda su deuda" con Peña, ha señalado que las palabras sirven para "construir la paz y la convivencia y para construir puentes", pero "tienen dos caras", y "en estos momentos en que esos puentes son tan débiles, pueden servir para romperlos". "No caigamos en eso", ha pedido.
Además, ha manifestado que con este acto se pretende demostrar que "entre diferentes sensibilidades es posible la unión, la convivencia y el trabajo al servicio del pueblo".
"Conocíamos demasiado bien a nuestros dos vecinos (en alusión a Korta y Peña) para no entender nada", ha afirmado, "para darnos cuenta que la pregunta ¿por qué? no tiene respuesta", ha afirmado, para añadir que "después se nos ha hablado de los 'Años de plomo' y de la socialización del sufrimiento". "¿Han tenido que caer tantos para llegar al punto en el que nos encontramos hoy?", ha preguntado.
En el homenaje se han sucedido los bertsos y la poesía de la mano de amigos de la infancia de Ceferino Peña, como Rafa Bravo, y la música. La propia Cristina Peña ha actuado junto a una amiga cantando y tocando con la trikitrixa un 'fandango' y una canción del grupo vasco 'Pantxo eta Peio'. Finalmente, la sobrina de Joxe Mari Korta, Eli Korta, ha leído un texto en euskara escrito por la hija del homenajeado.
"PONIÉNDOSE EN EL LUGAR DEL OTRO"
En él, Cristina Peña expone que "poco a poco, sintiendo el dolor de todos, poniéndose en el lugar del otro y poco a poco se abre el camino de la paz" que es "precioso, amplio y abierto" y así "sin odio" se supera el dolor. En este sentido, anima a "seguir en ese camino, de manera limpia y poniendo luz, para que no vuelva a ocurrir lo sucedido, que nadie lo merece, ni lo mereció".
Finalmente, apunta que seguirán "recordando y trabajando juntos ofreciendo una mirada segura", como lo han hecho hasta ahora y como les gustaría seguir haciéndolo.
ETA acabó la vida del empresario Ceferino Peña, de 30 años, casado y con una hija de tres años, con tres impactos de bala el 16 de mayo de 1980. Días después la organización terrorista reconoció en un comunicado haberse equivocado de objetivo.