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El acusado del crimen de Deusto dijo a los ertzainas: "he sido yo, llevaba tres años haciéndome la vida imposible"

"Es bueno, tiene un corazón de oro, nunca ha tenido mal carácter, pero últimamente le molestaba todo", declara su madre
El acusado de acuchillar hasta la muerte a una mujer en el barrio de Deusto en Bilbao, en mayo de 2012, Rafael. T., dijo a los agentes de la Ertzaintza que le fueron a detener a su domicilio "he sido yo, no voy a oponer resistencia, llevaba tres años haciéndome la vida imposible", y, tras ser reducido en el suelo, esposado y cacheado, les indicó a los ertzainas que estaba en "tratamiento psiquiátrico".
La sección segunda de la Audiencia provincial de Vizcaya ha acogido este martes la tercera sesión del juicio por la muerte de Mireia, en la bilbaína calle Ramón y Cajal, en Deusto, en la que han declarado como testigos la madre del presunto autor del crimen, que residía en el piso inferior al de la víctima, y los seis agentes de la Ertzaintza que acudieron los primeros al lugar de los hechos, tras recibir el aviso de la central de que se había producido un apuñalamiento de un varón a una mujer.
Tres de los agentes que se desplazaron al número 42 de la calle Ramón y Cajal de Bilbao se quedaron atendiendo a la víctima hasta la llegada de los sanitarios, recabando testigos y preservando las evidencias, mientras que otros tres subieron al domicilio del acusado, tras señalar los testigos presentes en la calle que el presunto autor del apuñalamiento de Mireia, de 43 años de edad, residía en el primer piso del citado portal.
Los agentes han relatado que llamaron al timbre y el acusado les abrió y, sin preguntarle nada, les dijo "he sido yo, no voy a oponer resistencia, llevaba tres años haciéndome la vida imposible".
Asimismo, tras proceder los agentes a reducirle, esposarle e informarle de sus derechos, y estando en el suelo tumbado, R.T. les indicó que estaba en "tratamiento psiquiátrico".
Tras cachearle "por seguridad" porque "desconocían si tenía el cuchillo encima", le preguntaron por el arma con la que presuntamente había cometido el apuñalamiento y el acusado les llevó a los agentes hasta la cocina y les indicó un cuchillo que se encontraba en una encimera.
Los agentes han coincidido en que el cuchillo presentaba evidencias de haber sido lavado, aunque mostraba restos de sangre, al igual que los pantalones y el calzado que llevaba el acusado, que, según las declaraciones de los ertzainas, se había lavado las manos, pero tenía "restos en dedos y uñas".
Por su parte, el agente que le trasladó en el coche patrulla a la comisaría ha declarado que le preguntó al acusado "si iba a ir tranquilo", a lo que éste respondió "que sí, que lo que tenía que hacer ya lo había hecho".
Los ertzainas que realizaron la inspección ocular preliminar antes de la llegada de la Policía Científica han declarado que encontraron un rastro de sangre "desde el lugar en que se encontraba la víctima, por la acera, el portal y hasta la puerta del domicilio del acusado", que seguía por el interior de la vivienda hasta la cocina, donde hallaron un cuchillo, que había sido "o bien lavado o introducido en un líquido", pero "con restos de sangre".
MADRE
Por su parte, la madre del acusado, Pilar, ha declarado que, en el momento del crimen, su hijo no residía con ella, aunque sí en un piso de su propiedad en el número 42 de la calle Ramón y Cajal, a donde ella acudía diariamente para "limpiar la casa y hacerle las compras".
Pilar ha explicado que la primera vez que tuvo conocimiento de que el acusado sufre esquizofrenia paranoide fue el verano de 2011, cuando "mi marido" le acogió en su casa, tras dictar un juez una orden de alejamiento contra R.T. de tres meses por un conflicto vecinal.
En esa época, el acusado empezó a mostrar "paranoias" y tuvo un incidente con su hermanastra, que le denunció por agresión y acabó con una orden de alejamiento por tres años y su ingreso durante unos meses en el Psiquiátrico de Zamudio, momento en que le fue diagnosticada la esquizofrenia, ha explicado su madre, quien ha dicho también que, con carácter previo, "ya estaba en tratamiento psiquiátrico" y "tenía que tomar medicación". "Decía que tomaba medicación, pero nos ha engañado a todos", ha manifestado.
Mientras que el abogado de la acusación particular ha subrayado el hecho de que en la sentencia condenatoria por la agresión a su hermana no se tuvo en cuenta el atenuante por la enfermedad de esquizofrenia paranoide, su madre ha asegurado que su hijo "nunca ha sido conflictivo, ha tenido un entorno muy bueno, unos amigos muy buenos y en la vida ha delinquido".
Sin embargo, ha añadido, "de la noche a la mañana, hace siete años, dejó el trabajo, empezó a no salir con sus amigos y a quedarse en casa. "Él es bueno y tiene un corazón de oro, nunca ha tenido mal carácter, pero últimamente le molestaba todo", ha afirmado.
Cuando salió del Psiquiátrico de Zamudio, ha continuado, el acusado volvió al domicilio del número 42 de Ramón y Cajal "supercontento", pero "a los pocos días tuvo una crisis de ansiedad por no tomarse la medicación" porque, según le dijo el acusado a su madre, "le sentaba mal".
"Tenía cita con el psiquiatra, iba, cogía los medicamentos, pero las últimas recetas ni fue a por ellas y tenía una bolsa llena de medicamentos en casa. Tenía cajas y cajas de medicamentos sin estrenar, enteros", ha explicado, para asegurar que, después de recibir el alta en Zamudio "no acudió a las citas" con el psiquiatra.
El día de los hechos que se juzgan, el 25 de mayo de 2012, Pilar dejó a su hijo en su domicilio "muy enfadado", por unas facturas del veterinario y de la comunidad, y quejándose de que "no había dormido en toda la noche" por el ruido de "tacones" y de "persianas" procedente del piso de su vecina de arriba, Mireia.
"Le dije que se tranquilizara y que todo estaba en su cabeza. Le dije que eran paranoias suyas porque la vecina trabajaba por la noche y no estaba en casa", ha relatado, para asegurar que su hijo "nunca le manifestó que tuviera problemas" con la víctima.
Además, ha indicado que ese día se iba a celebrar una reunión de comunidad "en la que se iba a tratar si se le podía pedir una orden de alejamiento por tres años", debido a conflictos vecinales, por lo que "él ya llevaba comiéndose la cabeza durante bastante tiempo". Según ha reconocido la madre, en 2010 también se recogieron firmas "para echarle" de la casa, pero "no se llevó a cabo", y una de las vecinas del mismo rellano le denunciaba continuamente por "música muy alta".
Pilar ha dicho que el día del crimen, su hermano, que vive en la puerta contigua a la de su hijo, vio como el acusado caminaba por las escaleras detrás de la víctima, a la que iba diciendo, "con mucha educación", que quería hablar con ella.
"LE AGARRABA LA CARA"
Por otro lado, el primer testigo en declarar este martes, un hombre que se encontraba en un bar cercano al lugar de los hechos, ha declarado que, cuando salió del establecimiento hostelero, vio al acusado "sentado a horcajadas sobre la chica y la estaba apuñalando por el cuello y por todo el cuerpo". "Con una mano agarraba la cara, movía a ambos lados la cabeza de la chica y con la otra la pinchaba", ha afirmado.
El testigo le gritó que parara, pero R.T. "levantó la cabeza, creo que dijo 'qué pasa' y siguió a lo suyo". Este testigo ha declarado haber visto al acusado dar "más de una docena" de cuchilladas de forma "compulsiva, continuamente, estaba a lo suyo" y "moviendo la cabeza" de la víctima "para apuñalar a ambos lados". Luego, ha relatado, "se levantó tranquilamente, fue andando y entró al portal con el cuchillo en la mano, como si no hubiera pasado nada".
El Ministerio fiscal solicita una pena de 15 años de prisión y 20 de internamiento psiquiátrico para R.T., acusado de acuchillar hasta la muerte a la mujer, el 25 de mayo de 2012, la acusación particular pide 25 años, al entender que se da el agravante de ensañamiento, y la defensa solicita la libre absolución.