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El acusado dice a los testigos que tenía "un lío muy gordo" y debía irse de España

Dos de los testigos que esta tarde declararon en el juicio contra Krzystof K., un polaco de 46 años acusado de matar y enterrar en una maleta a Concepción L.H. en Almendral de la Cañada en 2001, explicaron que el acusado les dijo que se tenía que ir de España porque estaba metido en un "lío muy gordo".
Así, Marta J.F., vecina del Real de San Vicente (Toledo), que había mantenido una relación sentimental con el procesado durante seis meses (entre mayo y noviembre del año 2000) relató que a finales de febrero de 2001 el acusado la llamó para comunicarle que tenía que irse de España por que estaba metido en un "lío muy gordo".
La testigo lo relacionó con los procedimientos judiciales que tenían pendientes tanto él como la víctima, de "tráfico de drogas y trata de blancas", asuntos que a la testigo le parecían "algo muy gordo".
Explicó, asimismo, que dejó la relación sentimental con el acusado porque mantenía paralelamente otra relación con Conchi (la víctima), a la que definió como una "histérica", que daba muchas voces y que tenía "muchas broncas" con un lituano con el que vivía enfrente de su casa y al que había llegado a ver salir a la calle "ensangrentado y a ella detrás de él".
También contó al tribunal del jurado (cinco hombres y cuatro mujeres) que el 2 de marzo de 2001 recibió una llamada del inculpado para pedirle ayuda porque se había quedado embarrancado con la furgoneta en un paraje del Robledo del Piélago, en el término municipal de Almendral de la Cañada, donde, según las acusaciones, había ido a enterrar el cadáver de la mujer.
También dijo que a principios de marzo de ese mismo año recibió varias llamadas de Krzystof desde Badajoz, Portugal y Francia y precisó que comprobó que las llamadas se hacían desde esos lugares por los prefijos telefónicos.
Indicó, asimismo, que el acusado "estaba harto" de Conchi, pero que cuando ésta le llamaba "desaparecía y corría detrás de ella" y también contó que el polaco le estaba muy agradecido a Conchi porque ésta le había ayudado a salir de Polonia, donde estaba en busca y captura por estafas.
Otro testigo, Julio, F.M., que ayudó al inculpado a encontrar trabajo y al que alojó en su casa varios meses, explicó que un día, cuya fecha no recuerda, le llamó sobre las cinco o las seis de la madrugada para pedirle dinero porque se tenía que ir de España, pues estaba "metido en un lío", aunque no le concretó de que asunto se trataba a pesar de que se lo preguntó.
Durante el juicio también comparecieron los tres testigos que ayudaron al inculpado a sacar la furgoneta del paraje donde estaba atascado el día en que fue, presuntamente, a enterrar el cadáver de la víctima.
Dos empleados de Retevisión y un guarda forestal explicaron que les extrañó que Krzystof estuviera ese día en ese lugar porque llovía, hacía frío y había mucha niebla y al preguntarle que hacía allí en un día tan malo les dijo que había ido a ver el paisaje para luego, un fin de semana, volver con su novia.
El cadáver fue encontrado seis meses después del crimen -el 23 de julio de 2001- por un ingeniero forestal que estaba haciendo un estudio en esta zona de la Sierra de San Vicente cuando al clavar en la tierra un jalón encontró una maleta rota semienterrada con restos humanos en posición fetal.
En el juicio también testificaron la madre de la víctima, Carmen H.B., de 88 años, y el hijo de la fallecida, Rubén, que vivía con sus abuelos, quienes explicaron que estuvieron con Conchi por última vez el 6 de enero de 2001 en el entierro de su padre y que la veían poco porque siempre estaba de viaje.
El juicio seguirá mañana con las pruebas periciales.