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La infanta afronta seria, serena, callada e inmóvil la primera jornada del juicio del caso Nóos

La primera jornada del juicio por el caso Nóos ha dejado ver a la infanta Cristina en el banquillo de los acusados con un semblante serio, entera y prácticamente inmóvil, acomodada en la misma postura, durante las más de 12 horas que está durando esta sesión que aún continúa, a la espera de que se retome después de un receso de más de una hora en el que el tribunal se ha retirado a deliberar.
En torno a las 8.10 horas de la mañana hacían su llegada a la sede de la Escuela Balear de Administración Pública (EBAP) en el polígono de Son Rossinyol en Palma de Mallorca, lugar donde se celebra el juicio, la infanta y su marido, Iñaki Urdangarin, quienes, ante la expectación de los periodistas congregados, descendían de un coche oscuro para, poco más tarde, acceder a una sala contigua a la del proceso.
La infanta, vestida con chaqueta negra y pantalón gris, y ataviada con un pañuelo en tonos granates, e Iñaki, con traje oscuro, hacían entrada en la sala del juicio en la que solamente se encontraban sentados los miembros de la prensa y el público, que apenas llegaba a completar la mitad de la bancada con 36 puestos destinada para los ciudadanos. Entre ellos, gente de todas las edades, esperaba con interés la llegada de los acusados, sobre todo la de los exduques de Palma.
Con semblante serio, la infanta y Urdangarin han ocupado sus puestos en el banquillo, en la última fila y a tres asientos de distancia, momento en el que, ante la ausencia del resto de acusados han aprovechado para compartir algunas palabras, de las únicas que se han dedicado a lo largo de toda la sesión.
Quienes sí han hablado durante el juicio han sido Urdangarin y su exsocio, Diego Torres, que, al estar sentados de forma contigua han intercambiado comentarios durante toda la sesión, incluso se les ha podido ver charlar de forma distendida.
La sala, presidida por una fotografía del Rey Felipe VI y las banderas europea, española y de la comunidad autónoma de Baleares, estaba además reforzada con un total de tres pantallas para que tanto los acusados, defensas y acusaciones como público y prensa pudieran captar los detalles más concretos.
La sesión ha comenzado con las disculpas hacia el tribunal del abogado de Miguel Tejeiro, Cristóbal Martell, quien hacía su llegada pasadas las 9.15 horas, al esgrimir que "pensaba que comenzaba a y media". Pese a ello, este contratiempo no ha supuesto ningún retraso, ya que aún no se encontraban acomodados en sus sitios los acusados y tampoco los abogados de la defensa habían ocupado sus puestos correspondientes.
La nota predominante ha sido el asfixiante calor que se ha sufrido buena parte de la mañana, que ha llevado a muchos letrados a abanicarse con los papeles que les acompañaban, salvo en el caso del abogado de Urdangarin, Mario Pascual Vives, quien ha sacado un abanico de grandes dimensiones con el que ha intentado sofocar el calor tan llamativo en la sala que ha hecho, incluso, llevar al abogado de la infanta, Jesús María Silva, a secarse el sudor de su cara con un pañuelo. Ya avanzada la sesión han puesto el aire acondicionado para descanso de los componentes de la sala.
INMÓVIL CON LAS MANOS ENTRELAZADAS
Durante toda la sesión, la infanta ha permanecido inmóvil, con las manos entrelazadas entre las piernas y, salvo por un repetitivo tic recurrente de morderse los labios, no ha efectuado movimiento alguno. Tampoco ha dirigido la mirada hacia defensa, público, acusaciones o periodistas, cosa que sí ha hecho Urdangarin quien, en algunos momentos de la sesión, ha lanzado sus miradas hacia la bancada de las acusaciones.
Pese a que se ha mostrado en silencio y serena durante la sesión, además de compartir algunas palabras con su marido, también ha departido con el acusado Salvador Trinxet, sentado justo a su lado; y también con Mercedes Coghen, con quien incluso ha compartido unos caramelos. Con quien no ha cruzado palabra, pese a estar sentada justo en el asiento de delante, ha sido con la esposa de Torres, Ana María Tejeiro, quien incluso se ha girado en su silla para colocar su abrigo a sus espaldas, lo que no ha servido para que establecieran ningún tipo de contacto.
Ya al final de la sesión, en el bloque dedicado a la presentación de nuevas pruebas, ha llegado uno de los momentos más tensos de la jornada, ya que el abogado de Diego Torres, Manuel González Peeters, ha pedido la incorporación de algunos documentos, lo que ha condicionado la deliberación del tribunal, que ha pedido un receso, tras una serie de tira y aflojas por abrumar a la sala con una ingente petición de pruebas sin facilitar adecuadamente su ubicación en el sumario, lo que haría "imposible" su ponderación.
La llamada de atención se ha producido cuando, a la hora de exponer nuevas pruebas de cara al análisis del caso el abogado ha solicitado la aportación de determinados documentos como las cuentas anuales de diversas sociedades vinculadas a sus clientes Torres y Ana María Tejeiro y su análisis conjunto con otros documentos ya incorporados a la causa instruida por el juez José Castro, que suma 100 tomos, por lo que finalmente se ha pedido este tiempo para proceder a su estudio.
Pese a ello, en esta misma presentación ha tenido lugar un momento distendido, ya que el letrado se ha manifestado como "heterodoxo sexual" y ha corregido rápidamente al explicar que era un "heterodoxo procesal", lo que ha provocado risas y chascarrillos por parte de la sala y sobre todo por parte de Urdangarin y Torres, quienes han sonreído cómplices ante lo que el propio Peeters ha reconocido como un "lapsus linguae".
MATAS, SERIO Y CALLADO
Por su lado, el expresidente del Govern balear Jaume Matas, se ha mostrado serio, tranquilo y muy callado durante la sesión, en la que no ha puesto sus ojos en las pantallas en ningún momento, pero sí ha dirigido sus miradas hacia las acusaciones, quizás con la intención de leer los labios a los abogados, ya que, además de lucir un vistoso audífono, de sobra son conocidos sus problemas de oído, como se ha podido comprobar en sus últimas comparecencias y ante la prensa.
La sesión ha transcurrido conforme a lo previsto, salvo por un cambio de sitio de uno de los acusados, Miguel Ángel Bonet, que debido a estar cumpliendo condena desde julio de 2015, precisa de una custodia policial, y se hacía necesario ubicar a un policía a su lado, por lo que era más sencillo cambiar su asiento por el de Marco Antonio Tejeiro, justo en la esquina de la sala.
Tras más de 12 horas, el receso continúa a la espera de que se sepa si finalmente continúa la deliberación este martes o se pone fin a la sesión este lunes.