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Una iniciativa hispano alemana, germen del nuevo modo de elección del presidente de la CE estrenado con Juncker

Los 'populares' europeos sugirieron en 2002 vincular el resultado de los comicios a la designación del jefe del Ejecutivo comunitario
Una iniciativa hispano alemana del año 2002 estuvo en el origen del nuevo modo de elección del presidente de la Comisión Europea, aplicado por vez primera este año tras las elecciones a la Eurocámara del 25 de mayo pasado y que tanto ha disgustado al primer ministro británico, David Cameron.
Precisamente este lunes se han confirmado las fechas de la reunión que el presidente Mariano Rajoy y la canciller Angela Merkel van a mantener los días 24 y 25 con vistas a la Cumbre que perfilará el reparto de cargos en la Unión Europea.
El Tratado de Lisboa, en vigor desde finales de 2009, introdujo una novedad en la forma de elegir al jefe del Ejecutivo comunitario, al obligar al Consejo Europeo (los Gobiernos nacionales de la UE) a "tener en cuenta" el resultado de los comicios europeos a la hora de proponer al Parlamento Europeo un candidato al cargo de presidente de la Comisión, pues es la Eurocámara la institución encargada de aprobar ese nombramiento.
En aplicación de este artículo del Tratado, los principales partidos con representación en la Eurocámara eligieron antes de los comicios del 25 de mayo y por vez primera en la historia a sus candidatos a presidir la Comisión, en un intento de aumentar la baja participación en las elecciones al Parlamento Europeo avanzando a los ciudadanos por qué nombre apostaban para dirigir la Comisión.
En el pasado, el Consejo Europeo siempre propuso por consenso un candidato, pero el Tratado de Lisboa estableció que valía tomar esa decisión por mayoría cualificada.
CAMERON, EN CONTRA
La aplicación de estos cambios no ha gustado al primer ministro británico, David Cameron, que se quedó solo en su oposición a la designación del luxemburgués Jean Claude Juncker como presidente de la Comisión en la cumbre europea de junio.
Unos días después, Cameron escribió un artículo en el periódico británico 'The Daily Telegraph' en el que explicaba a la opinión pública del Reino Unido este aislamiento señalando que "a veces te puedes quedar solo aunque tengas razón".
En opinión de Cameron, la elección de Juncker equivalía a aceptar que el Parlamento Europeo pueda "dictar" a partir de ahora al Consejo a qué candidato tiene que elegir. El premier británico se quejaba asimismo de que el Consejo hubiese renunciado a proponer al candidato por consenso "aun cuando los tratados permiten" tomar esta decisión por mayoría.
EL "ERROR DE LIBRO" DEL PSOE
También el PSOE se opuso a la designación de Juncker como presidente de la Comisión, votando en la Eurocámara en contra del luxemburgués, al que sí apoyó la mayoría de formaciones socialdemócratas europeas. Y eso que los socialistas españoles vendieron en campaña que el presidente de la Comisión debería proceder de la lista más votada.
En el Gobierno de Rajoy consideran que el PSOE ha cometido "un error de libro" porque "en Europa los pactos se cumplen", indican fuentes del Ejecutivo, que subrayan el contrasentido que supone que en 2009 José Luis Rodríguez Zapatero diera la orden de apoyar al portugués José Manuel Durao Barroso al frente de la Comisión, que encarnaba el liberalismo económico, y se haya opuesto a Juncker, que es socialcristiano.
Frente al comportamiento del PSOE, pero sobre todo de los argumentos esgrimidos por Cameron para justificar su oposición al luxemburgués, fuentes gubernamentales recuerdan a Europa Press que la idea de vincular por vez primera el resultado de los comicios europeos a la elección del presidente de la Comisión se adoptó en el congreso que el Partido Popular Europeo (PPE) celebró en Estoril (Portugal) en 2002, unos años antes de que el Partido Conservador de Cameron se saliera de esta familia política europea.
En Estoril, los 'populares' europeos adoptaron su posición de cara a los preparativos para redactar la nonata Constitución europea, convertida tras algunos cambios en el vigente Tratado de Lisboa.
Los eurodiputados españoles José María Gil-Robles e Iñigo Méndez de Vigo, junto al alemán Elmar Brock, de la CDU, lograron en Estoril que el PPE aprobara su propuesta encaminada a democratizar la elección del presidente de la Comisión Europea.
En las conclusiones aprobadas en ese congreso, los 'populares' europeos sugerían que el candidato a presidir la Comisión Europea "debería ser propuesto al Parlamento Europeo por el Consejo Europeo a la luz de los resultados de las elecciones europeas, y por mayoría cualificada".
"Esto daría a los partidos políticos europeos la oportunidad de presentar a sus propios candidatos en el marco de la campaña para las elecciones europeas". Se garantizaría así una campaña electoral más personalizada e incrementaría el control democrático y el apoyo de la Comisión Europea por los ciudadanos, razonaban.
Esta idea se mantuvo en la Constitución europea y en el Tratado de Lisboa, que literalmente establece que "teniendo en cuenta el resultado de las elecciones al Parlamento Europeo y tras mantener las consultas apropiadas, el Consejo Europeo propondrá al Parlamento Europeo, por mayoría cualificada, un candidato al cargo de presidente de la Comisión".
Si el candidato no obtiene el voto de la mayoría en el Parlamento Europeo, entonces el Consejo Europeo tiene que volver a elegir en el plazo de un mes, por mayoría cualificada, un nuevo candidato, que tendrá que ser elegido por el Parlamento Europeo por el mismo procedimiento.