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Los tres periodistas españoles secuestrados en Siria relatan su cautiverio a la Audiencia Nacional

La Fiscalía investiga los hechos y pide informes a la Policía Nacional y la Guardia Civil
Los tres periodistas españoles Antonio Pampliega, José Manuel López y Ángel Sastre han contado a la Fiscalía de la Audiencia Nacional cómo vivieron durante los cerca de diez meses que permanecieron secuestrados por el Frente Al Nusra, filial de Al Qaeda, en Siria hasta que fueron liberados el pasado mayo, según informaron a Europa Press fuentes jurídicas.
Los reporteros han declarado ante la fiscal Dolores Delgado, coordinadora para la lucha contra el terrorismo yihadista, que contaban con experiencia y uno de ellos había viajado a Siria en trece ocasiones antes de ser retenido por la filial terrorista. El Ministerio Público ha pedido a la Policía Nacional y la Guardia Civil sendos informes sobre estos hechos.
Los tres periodistas 'freelance' desaparecieron en la ciudad de Alepo (Siria) el 12 de julio del pasado año, poco después de haber entrado en el país por Turquía. Su guía, el sirio Usama Ajjan, al que ya conocían de viajes anteriores, colgó en las redes sociales varias fotos con sus "amigos españoles" nada más pisar suelo sirio, lo que inconscientemente pudo alertar a sus captores de la presencia de los tres periodistas en el país. De hecho, Ajjan fue capturado junto a los tres españoles, pero en su caso le soltaron unos 20 días después.
LOCALIZADOS POR EL CNI
El CNI les tuvo localizados en todo momento, a pesar de que sus captores los fueron moviendo de un sitio a otro. En la primera fase del cautiverio, permanecieron los tres juntos en una casa en los alrededores de Alepo, si bien a partir del tercer mes a Pampliega lo separaron de sus compañeros.
En otra ocasión, cuando su liberación parecía cercana allá por principios de año, estuvieron un tiempo en una zona cercana a la frontera con Turquía que controla el Frente Al Nusra. Pero su puesta en libertad aún iba a tardar. No obstante, la mayor parte del tiempo estuvieron en las cercanías de Alepo.
Cuando los servicios secretos no podían comprobar directamente el estado de los españoles, exigían a los captores lo que se denomina 'pruebas de vida', es decir, garantías de que los rehenes estaban vivos. Estas 'pruebas de vida' han consistido en preguntas formuladas por amigos o familiares de los periodistas cuya respuesta solo podían contestar correctamente los rehenes, han informado a Europa Press fuentes que han seguido de cerca su caso.
Otras veces, la prueba de vida ha sido un vídeo en el que los rehenes decían su nombre y la fecha del día en que se habían grabado las imágenes. Por lo general, presentaban un aspecto limpio y saludable, si acaso alguno de ellos más delgado.
Durante el secuestro, los tres reporteros recibieron un trato razonable por sus captores, que incluso les permitieron ver el fútbol por televisión e intercambiar cartas con sus allegados, según informaron fuentes de su entorno.
Los tres españoles compartieron parte de su cautiverio con una mujer alemana embarazada y con otro periodista japonés, Jumpei Yasuda, capturado en torno a las mismas fechas que los españoles, y que en marzo pasado aparecía en un vídeo reclamando ayuda a su Gobierno.
Finalmente, aterrizaron el pasado mayo en la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid) a bordo de un avión Falcón de la Fuerza Aérea Española, donde les esperaban sus allegados y la vicepresidenta del Gobierno en funciones, Soraya Sáenz de Santamaría, que como responsable directa del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ha coordinado las negociaciones para la puesta en libertad y ha informado periódicamente y personalmente a las familias.
El Rey Felipe VI, que ha estado muy pendiente de su liberación y regreso a España, llamó a los periodistas al poco de que aterrizaran en Madrid, para interesarse por su estado y manifestarles su alegría por su liberación.