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¿Oro de ley?

En esta época de crisis todo está por los suelos menos una cosa: el precio del oro, que vuelve a subir. Por esta razón, los comercios de compraventa de joyas se han triplicado en los últimos años. Este auge ha atraído los hurtos callejeros de piezas de oro que han aumentado considerablemente, una situación que ha hecho que la picaresca para colar estas joyas robadas en los locales de empeño se dispare.

Para vender una pieza de oro debemos identificarnos siempre con un documento de identidad o pasaporte.
Además, las tiendas cumplen un protocolo muy estricto pautado por la policía. Llega el cliente, ofrece el collar, pulsera o la pieza de valor que quiera vender y es entonces cuando el dependiente debe actuar siempre de la misma manera: fotocopia del DNI, fotografía de la joya, fax con esos datos al grupo de policía que controla diariamente y las compara con su base de joyas robadas, y por último un registro muy minucioso en un libro que se entrega a los agentes semanalmente.
Ante estos mecanismos de control es muy difícil intentar vender esas piezas robadas. Los locales lo comprueban y trabajan muy minuciosamente, pero en la calle es diferente.
Hemos comprobado cómo se puede vender una pieza sin identificarnos. Hay intermediarios que  ofrecen sus datos como si las joyas fueran suyas, simplemente por un puñado de euros.


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