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Prisioneros de su libertad

Algunos caballos salvajes que habitan en los montes gallegos viven con cepos enganchados a sus patas desde el mismo momento de su nacimiento. Y es que, aunque viven sueltos, en plena naturaleza, algunos ganaderos han decidido tenerlos controlados y para eso, utilizan esta salvaje práctica.

Cepos de madera, cuerdas y cadenas con los que se atan las patas delanteras del caballo, de manera que éste no pueda apenas moverse, evitando así que el animal dañe cultivos ajenos o se alejen demasiado de los terrenos de ganadero.
La Asociación Libera lleva años denunciando esta práctica, y sólo en 2011 recibieron más de 40 denuncias. Julio Ortega, miembro de esta asociación lamenta que el hecho de que los animales no estén debidamente identificados con su microchip dificulta que los dueños puedan ser multados.
Colocar cepos de madera o utilizar cualquier método inmovilizador en las patas de un animal está considerado como un delito de maltrato animal según la ley gallega de protección animal y está penado con hasta un año de prisión.
Heridas que se infectan, atropellos por falta de movilidad e incluso la imposibilidad de escapar de un incendio… Son solo algunas de las consecuencias de esta cruel práctica. En la mayoría de las ocasiones, los caballos acaban muriendo, precisamente por culpa, de su “falsa libertad”.