Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Viviendas sin vida

Sus persianas siembre están bajadas. Por fuera su aspecto  no cambia nunca,  pero tampoco por fuera.  Así se identifican las casas vacías que cada vez más  pueblan nuestras ciudades.

Aunque son de cemento también se mueren. Son viviendas en las que no   habita nadie en su interior. Acompañamos a unos encuestadores del Instituto Nacional de Estadística que realizan un estudio para recoger la información de los casi 26 millones de viviendas existentes. A partir de él se elaborará, primero, el censo de Edificios y Viviendas y, después, el de Población. Los primeros análisis apuntan a que los pisos vacíos puede estar entre los cinco y los seis millones. Es decir, se duplica la cifra de una década atrás.
Dejando a un lado los que están con el cartel de “Se vende”, la mayoría de los pisos están cerrados porque el propietario prefiere esperar tiempos mejores para su venta y no quiere dejarlo en alquiler. Una parte de ellos pertenece a las comunidades de vecinos. Como la que nos enseña Carmen, del barrio de Ciudad Lineal en Madrid.  “En este piso vivía la portera. Cuando murió, como el piso pertenece a la comunidad de vecinos, tuvimos que ponerlo a la venta. El problema es que ponte tú de acuerdo en el precio de venta con treinta y tantos vecinos que somos. A unos les parece que el valor que ponen unos es muy caro a otros que es muy barato. Al final, entre unos y otros el piso sigue sin venderse”. Mientras, la vivienda sigue originando problemas para el resto de vecinos. Como continúa Carmen “si salen humedades aquí nadie se entera, por ejemplo”. Proseguimos nuestro recorrido por las viviendas vacías, algunos porteros nos señalan que otro de los problemas más habituales es el de las fugas, o que sus propietarios no paguen la comunidad.  Sin embargo, a lo que más miedo se tiene es a la ocupación. De hecho, cuando visitamos algunas zonas de casas bajas nos encontramos con que algunas de ellas tienen tabicadas las puertas y ventanas por completo. “Si no lo hacemos así, se mete gente y ya no hay quien los eche”, sentencia una vecina. 
Pero hay más motivos por los que espacios habitables se han quedado y se quedarán desiertos.   Andrés Ruiz es un arquitecto que compró un edificio para rehabilitarlo. Su idea, al igual que sucedió con otros bloques colindantes, era convertirlo en pequeños apartamentos. Sin embargo, un cambio de normativa urbanística  justo cuando ya había firmado las escrituras de compra truncó sus planes. El nuevo reglamento de construcción le obliga a que la rehabilitación del antiguo edifico lo convierta en viviendas de más de 100 metros. “Con la situación actual esos pisos tienen un coste  que los haría invendibles actualmente. Así que se queda vacía y así seguirá por muchos años”, sentencia Andrés.