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El obispo de Almería afirma que el aborto "no se puede revestir de bondad" hasta convertirlo "en un derecho"

El obispo de Almería, Adolfo González Montes, ha asegurado el aborto "no se puede revestir de bondad" hasta convertirlo "en un derecho amparado por la ley". De esta forma ha insistido en que "a veces las leyes de este mundo declaran no punibles las acciones injustas de los hombres, pero esto no las exime de su valoración moral".
En el marco de su homilía durante la ordenación de un sacerdote, el prelado ha querido "enjuiciar" la retirada del anteproyecto de ley del aborto así como la no modificación por parte del Gobierno de la ley actual, lo que "ha convertido en derecho de la mujer una acción humana como es el aborto moralmente en sí misma perversa".
Para el prelado, el aborto "es una acción injusta y en sí misma un grave pecado contra los mandamientos de Dios. No se puede revestir de bondad hasta convertirlo en un derecho amparado por la ley porque aunque la ley así lo sostenga, moralmente sigue siendo un acto intrínsecamente malo. Por el contrario, la defensa de la vida del ser humano concebido y no nacido siempre es algo positivo, algo bueno, algo verdaderamente progresista".
González Montes, miembro también de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal que acaba de pronunciarse sobre el carácter "negativo" del aborto, según ha recordado, ha invitado a considerar como "realidad positiva" la defensa de la vida del concebido y no nacido así como a "amparar la maternidad mediante medidas sociales justas y que protejan la natalidad en un país en el que tan drásticamente han caído los nacimientos, comprometiendo el futuro de la sociedad".
"No vale que el justo se escude en su justicia cuando peca porque entonces le condena el mal que comete", ha apuntado el obispo durante la ordenación del sacerdote a la hora de hacer una llamada a la "responsabilidad moral" y a la "imposibilidad de sustraerse al juicio divino, con el cual se confrontan las acciones de cada uno de los hombres".
Con esto, el obispo ha recordado que ante la Iglesia "el aborto merece, a la luz de la revelación divina, un juicio moral negativo sin paliativos: es una acción injusta y en sí misma un grave pecado contra los mandamientos de Dios" mientras que considera que "es progreso y es moralmente progresista defender la vida de los más débiles, de los seres inocentes e indefensos que son los seres humanos concebidos y no nacidos, en gestación en el seno de su madre".