Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

“Mi bebé me salvó la vida”

Laura Wilson, una mujer británica de 28 años, da gracias por su hijo, Matthew, al que considera su “bebé milagro”. Laura sufría anorexia desde los 21 años y ésta llegó a su punto culminante cuando su actual marido, Philip, le propuso matrimonio. Durante años padeció la enfermedad hasta que, al quedarse embarazada, empezó a cuidarse comiendo regularmente.

El día de su boda, Laura pesaba sólo 38 kilos. Los invitados a la boda miraban con incredulidad a la escuálida novia. Pero a ella no le importaba ser sólo “piel y huesos” ni sufrir anorexia, informa Daily Mail.
Su anorexia empezó con 21 años, cuando la rechazaron para realizar estudios de formación de profesorado. Antes de su boda, Phillip y la madre de Laura, Edna, trataron de que hablara con un consejero sobre su desorden alimenticio, pero no quiso. Laura explica que se sentía tan mal que quería morir. Sabía que era “piel y huesos”, pero no le importaba. Estar delgada era más importante. “Mi cuerpo y mi cerebro estaban cerrados y estaba tan débil que no tenía las mismas emociones que el resto de las personas”.
El día en que Philip le pidió matrimonio en 2006 la enfermedad se recrudeció. Se obsesionó con estar más delgada para el día de la boda. “Sobrevivía con café y coca-cola light y haciendo 700 abdominales al día”.
Explica que “desarrolló  extraños hábitos y rituales de comida como comer sólo una vez al día a las 10.30 en punto”. Una comida que consistía “siempre en cinco guisantes y una onza de chocolate. La emoción de ver cómo perdía kilos era como ninguna otra cosa”.
Sus problemas con la anorexia finalmente alcanzaron su punto máximo cuando su familia vio que había vuelto de la luna de miel en Tailandia pesando tan solo 31 kilos.
Laura, secretaria de una firma de abogados donde conoció a Phillip, había sobrevivido con dos rodajas de piñas en todo el viaje. Entonces su madre y su marido consiguieron que ingresara en la unidad mental de un hospital de Ballymena, en Irlanda del Norte, dos meses después de la boda. Poco a poco los médicos consiguieron que su peso subiera a 44 kilos.
Pero sufrió un golpe cuando los médicos le dijeron que sería muy difícil que tuviera hijos porque no había tenido la regla durante cinco años.
Sin embargo, el año pasado descubrió que estaba embarazada de siete meses después de hacerse un test porque su estómago estaba “en movimiento”. Desde ese momento, Laura se dedicó a la salud de su bebé.  “Sabía que no tenía que hacer nada más que estar sana. Si eso significaba comer tres veces al día y no hacer ejercicio, entonces es lo que haría”, indica
Matthew nació en junio de 2011. El niño es un “milagro” médico, dice Laura. “Siento que el nacimiento de Matthew fue intervención divina. Es un niño tan sano y feliz y le adoro. Mi niño milagro salva mi vida cada día”.
Laura explica que “pasé de morirme de hambre a llenarme de los alimentos más nutritivos. Tenía mucho miedo de que mi bebé sufriera algún daño por mi dieta extrema y el régimen de ejercicio”.
Ahora Laura y Phillip piensan en renovar sus votos matrimoniales para poder olvidar su dolorosa primera boda.