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Los atentados de Bruselas y el accidente de autobús en Cataluña aumentan los trastornos de estrés postraumático en marzo

Los atentados terroristas ocurridos en Bruselas, el accidente de autobús de Cataluña con jóvenes de Erasmus, así como el accidente de avión ruso ha provocado un aumento de los casos de trastornos de estrés postraumático en el mes de marzo, ya que han generado en la población una sensación de estado de shock ante la vulnerabilidad de la vida.
Así lo ha mostrado un análisis realizado por Coaching Club en el que, además, se recuerda que tras un trauma pueden desencadenarse diferentes trastornos como, por ejemplo, el de estrés postraumático, la depresión, las fobias o los ataques de pánico. Asimismo, en el caso de pérdidas de seres queridos, ya sean estas esperadas o inesperadas, es "muy probable" la aparición de un cuadro llamado duelo prolongado o traumático.
"Entre los distintas impresiones dramáticas que pueden desencadenar el Trastorno por Estrés Postraumático se encuentran las siguientes: violaciones o acosos sexuales continuados, secuestros, accidentes en tránsito, abuso sexual infantil, guerras, robos con violencia, agresiones domésticas, catástrofes y desastres naturales (por ejemplo incendios o inundaciones), atentados terroristas, ser testigo de hechos violentos, pongamos una muerte; la pérdida de una persona muy cercana y querida, ser diagnosticado con una enfermedad de difícil curación", ha comentado la directora de Coaching Club, Verónica Rodríguez Orellana.
Respecto a los síntomas, los expertos han informado de que pueden dividirse en cuatro grupos. El primero son los de reexperimentación, ya que muchas personas tienen recuerdos tan vividos que sienten o actúan como si estuvieran volviendo a experimentar el trauma en el presente.
"Otra forma común de revivirlo es por medio de pesadillas o sueños desagradables. Estos síntomas pueden ser muy intensos y una de las quejas más comunes es la de no poder sacarse de la cabeza lo que pasó, a pesar de hacer esfuerzos constantes para intentar lograrlo. Estos pensamientos desagradables pueden generar reacciones de ansiedad (palpitaciones, sudoración), bronca, vergüenza y angustia intensas", ha explicado la experta.
EVITACIÓN, PESADILLAS O SOBRESALTOS
También se puede producir evitación, es decir, que la persona hace esfuerzos por evitar los pensamientos o sentimientos asociados al trauma o incluso hablar sobre él. También es frecuente que evite aquellas situaciones, actividades, objetos o personas que le puedan recordar lo sucedido. "Por ejemplo: un individuo que tuvo un accidente puede tratar de evitar pasar por puentes similares a aquel en el que se accidentó o, en casos de traumas sexuales o golpizas, evitar noticieros o películas que le recuerden el aquellas sórdidas impresiones", ha explicado.
Asimismo, muchas personas sienten que "ya no son las mismas/o de antes", ya que la imagen de sí mismas se vuelve muy negativa y se reprochan diciéndose cosas tales como "no reaccioné a tiempo, no puedo confiar en mí, tendría que haberme dado cuenta que iba a pasar". En estos casos, los afectados alternan entre la culpa y la vergüenza constante por la reacción que han tenido frente a los hechos en forma de un bucle doloroso que retroalimentan de forma constante
De hecho, la continua aparición de pesadillas o pensamientos negativos sobre el trauma hacen que piensen que están perdiendo el control, incrementando notablemente la sensación de vulnerabilidad. También aparecen sensaciones de embotamiento o distancia emocional respecto de su entorno y la incapacidad para tener sentimientos de alegría, aún en presencia de aquellas personas que más quieren, lo que constituye una fuente continua de sufrimiento para las persona afectadas.
Finalmente, hay personas que pueden sufrir reacciones de sobresalto cuando alguien la toca por la espalda o le pasa cerca sin querer. Por esta razón, a veces evita lugares con mucha gente. También experimenta un nerviosismo constante como si estuviera siempre "en guardia". Esto puede derivar en una constante inquietud e irritabilidad.
Ante esto, Rodríguez Orellana ha recomendado acudir a las sesiones grupales por que son un "excelente" apoyo a cualquier programa de tratamiento terapéutico. "Hablar en grupo de todos estos síntomas, problemas y traumas siempre ayuda. A través de la implementación de distintas dinámicas, el paciente comienza a procesar la experiencia traumática y a liberarse de los problemas que le generan. En grupo aprenden a distinguir entre el hecho originario y el peligro derivado que puede ocasionar en su vida cotidiana", ha apostillado.
Además, prosigue, desde la experiencia grupal no solo se ayuda a las personas a evaluar más de cerca aquellos pensamientos acerca del mundo y de sí mismas que han provocado que eviten realizar muchas actividades o a no poder disfrutarlas como antes, sino que también les ayuda a interactuar con otros integrantes del grupo, lo que hace que sientan que poco a poco puedan volver a normalizar las actividades de la vida cotidiana. Las personas en grupo aprenden distintos recursos que les ayudarán a controlar sus miedos y a no ser controlados por ellos.
Finalmente, la experta ha recomendado a las familias aprender acerca de los síntomas del estrés postraumático para ayudar a paliarlos; tener presente que el entorno familiar juega un papel muy importante en la recuperación y alentar al afectado a buscar tratamiento; brindar un espacio para hablar pues, muchas veces, los familiares damnificados quieren y necesitan contar una y otra vez lo sucedido; tener paciencia y escuchar atentamente, su apoyo es necesario para disminuir esa sensación de soledad que invade a la persona; y buscar orientación para mejorar la comunicación con su ser querido.