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Bruselas pide límites más duros a la exposición de 13 cancerígenos en lugares de trabajo

La Comisión Europea ha pedido este viernes fijar límites más duros para los niveles de exposición permitidos en el lugar de trabajo que se aplican a un total de 13 sustancias químicas cancerígenas o mutágenas, como la ílice cristalina respirable, presente en productos como el hormigón y el ladrillo.
El cáncer es la primera causa de mortalidad laboral en la Unión Europea, responsable de un 53% de las defunciones, según los datos expuestos por la comisaria de Empleo y Asuntos Sociales, Marianne Thyssen, que ha asegurado que con los cambios que plantea Bruselas "se evitarían 100.000 muertes en los próximos 50 años".
"El cáncer tiene repercusiones devastadoras en los trabajadores, las familias, la industria y la sociedad", ha asegurado la comisaria, durante la presentación de su propuesta para reformar la actual directiva sobre carcinógenos y mutágenos.
El Ejecutivo comunitario quiere introducir o rebajar, según los casos, los valores límite de la concentración máxima de 13 sustancias cancerígenas en el aire del lugar de trabajo. Se trata de sustancias "prioritarias" para Bruselas, que sigue trabajando en una propuesta más amplia que cubrirá el resto de sustancias peligrosas y que prevé presentar a finales de año.
Una de las sustancias que más preocupan a Bruselas es la sílice cristalina respirable, presente en el polvo que se produce en procesos como la minería, la explotación de canteras, perforaciones de túneles o al cortar, aplastar o pulverizar materiales como el hormigón o el ladrillo.
La exposición excesiva a esta sustancia está asociada a dolencias como el cáncer de pulmón y la silicosis, y la Comisión estima que unos 5,3 millones de trabajadores en la UE están expuestos a ella.
También pide revisar a la baja los límites permitidos para otros elementos como las fibras cerámicas refractarias, los compuestos de cromo, la acrilamida y los serrines de maderas duras.
Los servicios de la Comisión creen que con estos cambios se reducirían los casos de cáncer vinculados al entorno laboral, además de crear un marco armonizado en el conjunto de la UE, que aseguraría unas condiciones equitativas para empresas, trabajadores y autoridades.
Cada año, se atribuye al cáncer el 53% de las muertes laborales, frente al 28% relacionado con enfermedades cardiovasculares y el 6% ligado a enfermedades respiratorias.