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Esperanza tras la ablación

Aissatou Diakité sufrió la ablación genital femenina con siete días de vida. Fue su propia abuela quien se lo practicó en su Senegal natal. Ahora, tras informarse por Internet, se puso en contacto con Médicos del Mundo y se operó. Mes y medio después de operarse recuperó el "cien por cien de sensibilidad".
Tres millones de niñas en el mundo sufren la ablación del clítoris. Diakité la vivió poco después de nacer, en los años 70. La realizó su propia abuela, matrona de la familia. Su madre no se pudo negar. Negarse era negar la tradición. 
Aissatou empezó a tener conciencia de lo que le había pasado en la adolescencia. En la escuela, un día, le describieron el aparato genital femenino. "Ves que no es como el tuyo y te empiezas a hacer preguntas", explica.
Ella nunca supo por qué le pasó. "No me dieron explicaciones ninguna porque de eso no se habla. Imagino que es machismo. Los hombres, cuando van a la guerra, se quieren asegurar de que la mujer no va a buscar al hombre. Quieren tener la mujer tranquila, asegurarse de que no tienen deseo", señala.
Ya adulta, Diakité empezó a investigar e informarse por Internet. Descubrió que se podía operar y se dirigió a Médicos del Mundo, que la puso en contacto con el Instituto Dexeus. Se operó el pasado octubre y, mes y medio después, recuperó el "cien por cien de la sensibilidad". Asegura que "se empiezan a tener sensaciones nuevas que no tienen nada que ver con lo que sentías nada", relata feliz.
Aunque en España no se practica, lo que se hace es "engañar a las niñas, las llevan de vacaciones, sobre todo en Gambia, les hacen la ablación, y las vuelven a traer, y eso es muy traumático", indica.
"Me parte el alma que aún estén consiguiendo hacer esto. Porque que pasara en mis tiempos, en los 70, se puede entender, pero que se siga haciendo, hay que pararlo ya, no hay derecho ninguno", afirma Aissatou.