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Experta del IESE cree que el calendario escolar debe tener en cuenta el horario laboral, no como el de Cantabria

La investigadora del Centro de Trabajo y Familia del IESE, Esther Jiménez, cree que el mejor calendario escolar sería aquel que adelantara la hora de entrada y salida de los niños, acabara con los puentes eternos y tuviese en cuenta el horario laboral de los padres, un punto que, según la experta, no considera el nuevo calendario escolar de Cantabria, que establece una semana de vacaciones cada dos meses.
"El calendario que tenemos no tiene por que ser negativo, con algún reajuste: iniciando y finalizando un poco más temprano las clases y poniendo un poco más de racionalidad sobre algunos puentes eternos", explica Jiménez en declaraciones a Europa Press. Si bien, precisa que esto no serviría de mucho si no se adelantase también la finalización de la jornada laboral, un punto que algunos partidos llevan en su programa electoral de cara a las elecciones del 26 de junio.
Para Jiménez, lo más importante es que cuando los niños salgan de la escuela puedan estar con sus padres porque "el rendimiento no mejora tanto en función del horario escolar cuanto en que los niños puedan estar con sus padres".
Por ello, considera que el cambio del calendario en Cantabria no beneficiará a la conciliación. "Tomar esta medida desde un ángulo unilateral, desde el punto de vista estrictamente académico sin contar con el mundo laboral, es un poco temerario", afirma.
Además, explica que aunque uno de los argumentos que se ha dado para modificarlo es que este modelo ya funciona en otros países europeos, en los países nórdicos, por ejemplo, los horarios de trabajo "no tienen nada que ver con los horarios españoles".
A su juicio, las semanas que más dificultades acarrearán a los padres a la hora de organizarse serán la última de noviembre y la de febrero, ya que son periodos de descanso que no coinciden con fiestas del calendario laboral. Tampoco cree que el hecho de que se acorten las vacaciones de verano vayan a beneficiar a la conciliación porque en realidad, el curso seguirá terminando en junio y comenzando en septiembre.
Por ello, advierte de que este nuevo calendario afectará también a las empresas porque posiblemente los padres decidan repartir sus vacaciones entre el verano y las nuevas semanas de descanso de sus hijos.
En cuanto a los argumentos que se han ofrecido para cambiar el calendario, Jiménez precisa que "no está demostrado" que el nuevo modelo contribuya a aumentar el rendimiento académico de los alumnos.