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Expertos cuestionan la capacidad del sistema de protección social para responder a las necesidades actuales

La crisis acentúa problemas sociales previamente existentes como la pobreza infantil y juvenil o la desigualdad, entre otros
Los expertos participantes en el último número de la revista 'Panorama Social', editada por Funcas, en la que realiza un balance social de la crisis sufrida entre 2008 y 2014, han cuestionado la capacidad del actual sistema de protección social para responder a una sociedad "con más y mayores necesidades".
Así, en la revista se publican, entre otros, dos trabajos en los que se analiza la evolución del sistema público de bienestar y las actitudes de la población hacia él, según informa Funcas.
En el primero de ellos, obra de Eloísa del Pino, Juan A. Ramos y Jorge Hernández, se enumeran los riesgos del deterioro de la capacidad del sistema para responder a las necesidades de la sociedad actual, al tiempo que añaden que la crisis no ha sido aprovechada para resolver algunos de problemas de fondo, como la insuficiencia de ingresos, la dualización del sistema de protección social y el crecimiento de la desigualdad y la pobreza, en especial la infantil.
En el segundo, Inés Calzada analiza la evolución de la legitimidad de la intervención del Estado en las principales áreas de bienestar a ojos de la opinión pública. Los datos de la encuesta muestran que durante la crisis, los españoles han aumentado su desconfianza hacia las instituciones políticas y, en especial, hacia los responsables de recaudar y gestionar los impuestos.
Por otro lado, Pau Marí-Klose y Álvaro Martínez explican en otro artículo, entre otros aspectos, que los años de crisis han alterado sustancialmente los mapas de la pobreza en España, pues no sólo se ha incrementado el número de pobres, sino que han cambiado los perfiles.
En este sentido, constatan que se ha acentuado un proceso de rejuvenecimiento de la pobreza que había arrancado antes de la crisis y también se advertía en otros países desarrollados ya que uno de los colectivos que más ha incrementado sus tasas de riesgo de pobreza es el de los niños.
El aumento de la pobreza infantil, según precisan los autores, se refleja de forma notable en los hogares más convencionales: tanto en aquellos formados por dos adultos y un niño, que pasa de 18,7% a 20,2% entre 2009 y 2014, y en los de dos adultos y dos niños, de 23,1% a 25,3%. También constatan un incremento de la pobreza entre los jóvenes de 18 a 24 años, que en su mayoría viven en hogares con personas de más edad.
En otro artículo, de Pau Marí-Klose, Laura Fernández y Albert Julià, se señala que las clases obreras, y en particular los segmentos más desfavorecidos, emergen como grandes afectados por la crisis, en línea con el deterioro más acusado de sus indicadores de renta, consumo y condiciones socio-laborales. Mientras, en amplios segmentos de la clase media, ha aumentado el nivel de incertidumbre, según los autores.
El ámbito demográfico también se aborda en otro artículo de Teresa Castro, Teresa Martín, Antonio Abellán, Rogelio Pujol y Dolores Puga, en el que hacen alusión al descenso de la fecundidad, al retraso
de la edad de matrimonio, sobre todo en aquellas comunidades con mayor aumento de desempleo, y a la estabilización de la tasa de divorcio, presuntamente por la dificultad de afrontar el coste de mantener dos hogares.
AUMENTAN LOS JOVENES QUE ESTUDIAN
En un segundo bloque de artículos, José Saturnino Martínez analiza la interrelación entre decisiones educativas y la situación del mercado de trabajo. El autor constata que, con la crisis, ha aumentado considerablemente el volumen de jóvenes que estudian, mientras que permanece constante --en torno a uno de cada veinte-- la proporción de los que ni trabajan, ni buscan trabajo ni estudian.
Por otra parte, en el artículo se constata que se han acentuado las diferencias de paro entre niveles educativos como resultado de que el desempleo entre los jóvenes sin estudios se ha disparado.
El perfil socio-económico de los emigrantes (mayoritariamente jóvenes) en estos años centra el artículo de Roxana Barbulescu, Anastasia Bermúdez y Elisa Brey, que constatan que los nuevos emigrantes españoles son, en muchos casos, foráneos o nacionalizados; es decir, "antiguos inmigrantes".
También destacan el peso relativo de los jóvenes con educación universitaria, pero con escasos conocimientos de idiomas y poca experiencia en los sectores laborales deseados, aspectos que, como alertan, dificultan su integración laboral en los países de destino.