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Expertos avisan a los padres de que ante una situación de urgencia con niños se debe proteger y avisar antes de socorrer

Expertos reunidos en la 'Escuela de Padres', puesta en marcha por el Hospital Universitario HM Torrelodones de Madrid, han avisado a los padres de que ante una situación de urgencia en niños lo mejor para atenderles es "proteger, avisar y, después, socorrer".
En concreto, estas situaciones de emergencia son, por ejemplo, una parada cardiorrespiratoria, obstrucciones de la vía aérea por cuerpo extraño, síndrome de casi ahogamiento o traumatismo craneoencefálico.
Por este motivo, los expertos han asegurado que contar con unas nociones básicas en primeros auxilios, entendiendo estos como los primeros cuidados que prestamos a un accidentado o enfermo repentino en el lugar de los hechos hasta que pueda ser atendido por el personal sanitario especializado, pueden "marcar" la diferencia entre un susto y un desenlace fatal.
"La secuencia de actuación es clara y consensuada a nivel internacional: proteger, avisar y, después, socorrer. Para ello, mientras llega la atención especializada hay que hacerse tres preguntas: ¿está consciente?, ¿respira? y ¿tiene pulso?. La respuesta a éstas determinará la actuación a seguir para sustituir aquella función que el niño no puede realizar por sí mismo", ha informado la neonatóloga de HM Universitario Torrelodones, Isabel Llana.
Así, ante una parada cardiorrespiratoria, situación de urgencia más importante a la que unos padres se pueden enfrentar y que en el 14 por ciento de los casos tienen causa de origen respiratorio, es fundamental iniciar la resucitación cardiopulmonar (RCP) en los primeros cuatro minutos para mantener las posibilidades de recuperación del afectado lo más elevadas posible y evitar lesiones cerebrales permanentes.
"Estas maniobras son aplicables por cualquier persona y en cualquier lugar, y deben iniciarse lo más precozmente posible. Lo ideal sería que la población estuviera formada en ellas de manera generalizada, ya que es uno de los métodos más importantes para mejorar el pronóstico de la parada cardiorrespiratoria", ha comentado Llana.
Dicho esto, ha puesto como ejemplo de este tipo de situaciones el síndrome de muerte súbita del lactante, que sigue siendo la primera causa de mortalidad en los lactantes en muchos países a pesar de la implantación de medidas preventivas tales como colocar al niño boca arriba mientras duerme, no utilizar almohadas, no fumar durante el embarazo ni permitir que lo hagan cerca del bebé.
Pasada esta etapa, la principal causa de mortalidad en niños mayores de un año son los accidentes, y los lugares en los que se producen con mayor frecuencia son el domicilio, sus alrededores y las vías y lugares públicos, por lo que "hay que extremar la precaución en estos sitios".
OBSTRUCCIÓN DE LA VÍA AÉREA POR UN CUERPO EXTRAÑO Y OTRAS EMERGENCIAS
Otra de las circunstancias que pueden convertirse en fatales es la obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño, en la que el tipo de tos que tenga el niño, efectiva o inefectiva, es el síntoma que marca la diferencia. Sólo si la tos se hace inefectiva hay que actuar, y en caso de pérdida de conocimiento se deben iniciar maniobras de RCP.
El síndrome del casi ahogamiento, cinco veces más frecuente en varones que en mujeres, ocurre en el 40 por ciento de los casos en menores de 5 años en piscinas sin supervisión, y es otro de los casos que pueden requerir una RCP básica.
Asimismo, en palabras de la experta, el traumatismo craneoencefálico es otra de estas situaciones de urgencia para los padres, pueden suponer más riesgo de lesiones cerebrales en menores de un año y su gravedad vendrá determinada por el mecanismo del impacto y por la edad del niño.
"La mejor recomendación en estos casos es acudir al hospital, procurar mover al menor lo mínimo si hay sospecha de lesiones, estar alerta ante síntomas anormales y comprobar que el niño se despierta con facilidad. No es necesario mantenerlo despierto si es hora de dormir", ha apostillado.
Finalmente, la convulsión febril, si bien genera ansiedad y alarma por lo llamativo de la situación, implica un tratamiento igual al de los niños con fiebre que no han sufrido convulsiones, y en la mayoría de las ocasiones no precisan de ningún estudio ni abordaje especial. "La peor consecuencia de las convulsiones febriles son los accidentes que se producen camino del hospital", ha zanjado la experta.