Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Odisea para acudir al trabajo

Salgo corriendo de casa. Como vivo en el centro me imagino que algún taxi podré coger. No es la mejor alternativa pero es la que me parece más razonable para no llegar a la televisión una hora tarde.

Efectivamente hay taxis… pero todos están cogidos. "Esto nos pasaba hace unos años, cuando teníamos casi siempre días buenos", me comenta uno de los taxistas.

Entre tanto caos se acerca un autobús que me deja más cerca de mi destino. Decido cogerlo. No es mala idea pero con cada parada somos más y más. El conductor decide pulsar un botón para darnos indicaciones.

Por el megáfono se escucha una y otra vez "pasen al fondo, por favor". Todos nos miramos sin movernos un centímetro. No tratamos de desobedecer, simplemente no hay espacio para hacerlo.

El tráfico por carretera está colapsado. "Lo estamos notando, sí. Mucha gente ha cogido el coche hoy", nos dice el conductor.

Cuando por fin conseguimos llegar a Plaza de Castilla puedo coger un taxi. Le comento al conductor que si hoy quieren sacar dinero lo mejor es que vaya al centro. "Ni siquiera llegamos", me responde. “Yo no sabía que había huelga, de haberlo sabido hubiese salido hoy antes a trabajar”.

Como dice el refrán 'no hay mal que por bien no venga'. Hoy es un buen día para los taxistas. "Sin duda", me comenta. "La gente está cabreada y desesperada, sobretodo porque no llegan a tiempo a trabajar".

Nuestra conversación se centra en el caos del día. Cuando me quiero dar cuenta, ya he llegado a mi destino ¡dos horas después!. Suelo tardar una hora menos. Por suerte, todos están enterados de lo que ocurre, por lo que se muestran comprensivos a mi llegada.