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El Papa dice en Armenia que los cristianos están llamados "a superar las barreras que separan"

El Papa ha exclamado en la segunda ciudad de Armenia que visita, Gyumri, y que fue devastada por un terremoto en 1988 en el que murieron entre 25.000 y 50.000 personas, que los cristianos están llamados a "superar las barreras que separan" y "ante todo a construir y reconstruir, sin desfallecer, caminos de comunión y puentes de unión".
Tras haber visitado el memorial de Tzitzernakaberd, donde ha recordado a las víctimas de la persecución por parte de las autoridades turcas otomanas, y pedir que "nunca más" sucedan tragedias como aquella, el Papa ha dado gracias a Dios "por todo lo que ha sido reconstruido".
Así, ha invitado a construir la propia vida cristiana en la gracia de la memoria, la fe y el amor misericordioso.
"En vuestras voces resuenan la de los santos sabios del pasado; en vuestras palabras se oye el eco del que ha creado vuestro alfabeto con el fin de anunciar la Palabra de Dios; en vuestros cantos se mezclan los llantos y las alegrías de vuestra historia. Pensando en todo esto, podéis reconocer sin duda la presencia de Dios: él no os ha dejado solos. Incluso en medio de tremendas dificultades" y de "las primicias de vuestra fe, de todos los que han dado testimonio, aun a costa de la sangre, de que el amor de Dios vale más que la vida", ha señalado el Papa.
Ha explicado que la fe es "la esperanza para el futuro", y ha pedido que se rechace "la tentación de considerarla como algo del pasado".
El Pontífice ha invitado a los jóvenes a no tener miedo de dar el propio 'sí', "para dar continuación a la gran historia de evangelización, que la Iglesia y el mundo necesitan en esta época difícil, pero que es también tiempo de misericordia".
También ha recordado que el misericordioso es "roca en la que se basa la vida del discípulo".
"Se necesitan cristianos que no se dejen abatir por el cansancio y no se desanimen ante la adversidad, sino que estén disponibles y abiertos, dispuestos a servir" además de "sociedades más justas, en las que cada uno tenga una vida digna y ante todo un trabajo justamente retribuido", ha pedido.
A su juicio, "nadie como Gregorio de Narek, palabra y voz de Armenia, ha sabido penetrar en el abismo de miseria que puede anidar en el corazón. "El nos enseña que lo más importante es reconocerse necesitados de misericordia y después, frente a la miseria y las heridas que vemos, no encerrarnos en nosotros mismos, sino abrirnos con sinceridad y confianza al Señor", ha concluido.