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El Papa advierte de la tecnociencia y la idolatría del dinero en su mensaje de Cuaresma

El Papa Francisco ha advertido en su mensaje de Cuaresma de este año de los peligros de la tecnociencia y la idolatría del dinero que eliminan a Dios y convierten a mujeres y hombres en "una masa para utilizar".
"En el soberbio delirio de omnipotencia resuena siniestramente el demoníaco 'seréis como Dios', que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar", ha alertado.
Así lo expresa en su mensaje titulado 'Misericordia quiero y no sacrificio. Las obras de misericordia en el camino jubilar', en el que también critica los modelos de desarrollo basados en la idolatría del dinero que hacen a las personas y las sociedades más ricas "indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos".
Frente a estos modelos, el Papa propone la escucha del Evangelio y las obras de misericordia tanto corporales --alimentar al hambriento, vestir al desnudo, dar alojamiento al que no tiene techo, visitar al enfermo-- como espirituales --aconsejar, enseñar, perdonar, rezar--.
"Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina", añade.
A través de este camino, según precisa, también los soberbios, los poderosos y los ricos tienen la posibilidad de salvarse de "caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno".
Francisco insiste en que la misericordia de Dios es "un anuncio al mundo" y que cada cristiano está llamado a experimentarlo en primera persona. Por ello, anuncia que en el tiempo de la Cuaresma enviará a los misioneros de la misericordia, de forma que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.