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El Papa hace un llamamiento a los médicos, especialmente a los ginecólogos, para que difundan la cultura de la vida

El Papa Francisco ha animado a los médicos, y especialmente a los ginecólogos, a ser "testigos y difusores de la cultura de la vida", durante su encuentro con los miembros de la Federación Internacional de las Asociaciones Médicas Católicas y los ginecólogos católicos recibidos en audiencia en el Aula Clementina. A todos ellos, les ha recordado que "el objetivo final del médico siempre es la defensa y la promoción de la vida".
En esta línea, ha pedido a los presentes que recuerden a todos "con los hechos y las palabras" que la vida "es siempre, en todas las fases y a cualquier edad, sagrada y siempre de calidad. "Y no por un discurso de fe sino de razón y ciencia", ha añadido.
"No existe una vida humana más valiosa que otra, igual que no existe una vida humana cualitativamente más significativa que otra", ha remarcado Francisco, al tiempo que ha destacado la "situación paradójica" que está viviendo hoy en día la profesión médica.
De este modo, ha explicado que, por un lado, existe "el progreso de la medicina, gracias a la labor de los científicos que, con pasión y sin reservas", se dedican a la búsqueda de nuevas curas pero, según ha alertado ha alertado, también existe "el peligro de que el médico pierda su identidad como servidor de la vida".
Asimismo, el Pontífice ha recordado la encíclica de Benedicto XVI 'Caritas in Veritate' para explicar un reflejo de esa paradoja que "mientras se dan nuevos derechos a la persona, a veces incluso presuntos, no siempre se protege la vida como valor primario y derecho básico de todos los hombres".
Ante esta situación, el Papa ha reiterado el llamamiento que la Iglesia hace a las conciencias de todos los profesionales y voluntarios de la Sanidad, sobre todo a los ginecólogos. "La vuestra -ha dicho- es una singular vocación y misión, que necesita estudio, conciencia y humanidad".
Por otro lado, Francisco ha alertado sobre la "cultura del descarte" que pretende eliminar seres humanos, sobre todo a los más débiles física o socialmente. Por ello, ha insistido en que "el primer derecho de la persona humana es su vida" porque el hombre tiene "otros bienes y algunos de ellos son más preciosos, pero es este el bien fundamental, la condición para todos los demás".
De este modo, ha concluido que en los últimos tiempos la vida humana en su totalidad es una prioridad del Magisterio de la iglesia y ha precisado que "las cosas tienen un precio y se pueden vender, pero las personas tienen dignidad, valen más que las cosas y no tienen precio".