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El Papa reivindica la unidad de los cristianos y ensalza la identidad cristiana de Armenia "a precio de la misma vida"

El Papa ha reivindicado la unidad en Cristo frente a los conflictos, la pobreza o la explotación infantil durante su primer discurso en Armenia, en el que ha reclamado "el espíritu ecuménico" y la superación de las divergencias mediante el diálogo y la puesta en valor de lo que une. El Pontífice ha destacado además la identidad cristiana de Armenia, primera nación del mundo en adoptar el cristianismo como religión en el año 301, "a precio de la misma vida".
"El mundo, desgraciadamente, está marcado por las divisiones y los conflictos, así como por formas graves de pobreza material y espiritual, incluida la explotación de las personas, incluso de niños y ancianos, y espera de los cristianos un testimonio de mutua estima y cooperación fraterna, que haga brillar ante toda conciencia el poder y la verdad de la resurrección de Cristo", ha exclamado en la Catedral Apostólica de la Santa Etchmiadzin.
Francisco ha invitado a cumplir con el "compromiso paciente y renovado" que lleva a la plena unidad y a la intensificación de las iniciativas comunes y la colaboración con vistas al bien común y ha llamado a vivir también las diferencias en la caridad y en la mutua comprensión.
"Esto impide también la instrumentalización y la manipulación de la fe porque obliga a redescubrir las genuinas raíces, a comunicar, defender y propagar la verdad en el respeto de la dignidad de todo ser humano y con modos que dejen ver la presencia de ese amor y de aquella salvación, que se quiere difundir", ha exclamado.
De este modo, para el Pontífice sólo de este modo al mundo se ofrece un convincente testimonio de que Cristo "está vivo y operante" y es "capaz de abrir siempre nuevas vías de reconciliación entre las naciones, las civilizaciones y las religiones".
Finalmente, el Papa ha dado gracias a Armenia por "su identidad peculiar, que la ha hecho mensajera de Cristo entre las naciones". "Me inclino ante la misericordia del Señor, que ha querido que Armenia se convirtiese en la primera nación, desde el año 301, en acoger el cristianismo como su religión, en un tiempo en el que todavía arreciaban las persecuciones en el Imperio Romano", ha señalado.
Finalmente, ha recalcado que la fe en Cristo no ha sido para Armenia como "un vestido que se puede poner o quitar en función de las circunstancias o conveniencias", sino una realidad constitutiva de su propia identidad, un don de gran valor que se debe recibir con alegría, y custodiar con atención y fortaleza, "a precio de la misma vida".