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Personas en riesgo de exclusión confeccionan trajes de Primera Comunión en empresas de inserción de Cáritas

Los padres con hijos en edad de recibir la Primera Comunión podrán comprar a partir de ahora el traje para esta ocasión mientras ayudan a personas en riesgo de exclusión gracias a las empresas de inserción de Cáritas donde se confeccionan desde los diseños más clásicos a las cada vez más habituales túnicas que algunos colegios ya les han encargado.
Fili se ajusta las gafas de cerca y comienza a tricotar como cada jornada laboral desde hace unos 26 años, el tiempo que lleva trabajando en Taller 99, una empresa de inserción promovida por la Fundación Labora de Cáritas Madrid que ofrece formación humana, social y profesional a personas con dificultades de integración laboral.
Para este año han recibido un pedido de 30 de trajes de comunión, el doble que en cursos anteriores. Ya llevan seis años confeccionándolos y han comprobado que el "boca a boca" funciona, según explica a Europa Press la responsable de Taller 99 y de las tiendas de Cáritas Madrid, Fransi Díaz.
Los encargados de tejer estos trajes son nueve empleados, cinco de ellos, en inserción. "Cuando queda una vacante, se lanza a la red de Cáritas y se especifica que el perfil sea el de una persona en riesgo de exclusión", explica Díaz. Después, se comprueba que el aspirante --una de las cientos de personas que acuden a Cáritas cada año para encontrar empleo-- tiene los documentos en regla y se le somete a una prueba en la que no se valora tanto que sepa coser como que tenga capacidad de aprendizaje y motivación.
Una vez en el taller, se intenta que los empleados roten por las diferentes máquinas durante el tiempo que están contratados --unos dos años de media-- para que cuando salgan al mercado laboral puedan optar a cualquier puesto digno que les permita vivir con independencia.
"Queremos que salgan con un mayor grado de empleabilidad", precisa Díaz, mientras recoge un traje de comunión de niña ya terminado que está listo para llevar a tienda, concretamente a la que Cáritas tiene en la madrileña calle de Orense, donde lo recogerá la madre que lo ha encargado.
Aunque no es el único producto expuesto en el comercio de la organización de la Iglesia católica --también venden desde bolsos de piel hasta ropa para la habitación del bebé--, los vestidos de comunión de niña son los protagonistas del escaparate estos días previos a la celebración de este sacramento en todas las iglesias de España.
Se trata de trajes "muy sencillos", sin nada "exagerado", aunque son "personalizables" y rondan entre los 78 euros en el caso de las túnicas y los 150 euros en el caso de los vestidos de niñas. El catálogo se puede consultar en la página 'www.caritasmadrid.org'.
"Este proyecto solo puede vivir de la solidaridad de las personas. No tenemos un aspecto comercial", afirma el director del Servicio Diocesano de Empleo de Cáritas Madrid, Salvador García de Pruneda, que sabe que el sueldo de los trabajadores de las empresas de inserción como Taller 99 o Asiscar, de mensajería y paquetería, depende de que los ciudadanos compren sus productos pues la caja se reinvierte íntegramente en la empresa y la plantilla.
Los pedidos siguen llegando y las agujas de las máquinas del taller suben y bajan a un ritmo frenético dando una puntada blanca tras otra. Fili cuenta que allí se ayudan los unos a los otros, al igual que un día hace más de 20 años la ayudaron a ella. "Cáritas me ha dado mi casa, un trabajo, me ha dado la vida", recuerda emocionada.
NO ES UN "PASE DE MODELOS"
La idea de convertir la compra del traje de comunión en un compromiso social y solidario va en la línea de las recomendaciones que cada año realizan algunas diócesis españolas para que el sacramento de la Primera Comunión no se convierta en un "pase de modelos".
Así lo explica la diócesis de Canarias en un apartado de su web 'www.diocesisdecanarias.es' dedicado a preguntas y respuestas. Concretamente, ante la cuestión '¿cómo tiene que ser el traje de la primera comunión?', responde que esta celebración "no es un pase de modelos ni un espacio para la vanidad humana" y que, por lo tanto, "hay que tratar por todos los medios de evitar la exhibición y el despilfarro". En el caso de esta diócesis recomiendan el uso de un "sencillo traje de calle".
Por su parte, el obispo de Córdoba, Demetrio Fernández, hizo en su última carta sobre la Primera Comunión un llamamiento a los familiares de los comulgantes pidiéndoles "evitar atiborrar a los niños con regalos" para no convertir este sacramento en una "simple fiesta social".
En un documento de la Conferencia Episcopal publicado en 1998 titulado 'La iniciación cristiana. Reflexiones y orientaciones', los obispos españoles advertían ya de los "excesos" y la "desmesura" que a veces rodean esta fiesta familiar y social.