Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Las pruebas de 6º de Primaria “son demasiado deficitarias”

Examen sexto primariaEFE

La Lomce, la Ley de un ministro de Educación, José Ignacio Wert,  que nos dejó frases como "la selectividad no funciona porque la pasan el 94 % de los alumnos" o "la educación pública ha dejado de contribuir a la sociedad", se enfrenta a partir de este miércoles a uno de sus mayores retos: la evaluación final de 6º de Primaria, y lo hace en un clima de rebelión institucional. Rafael Feito, profesor de Sociología de la Educación en la Universidad Complutense de Madrid considera que son unas pruebas "demasiado deficitarias” porque “no nos permiten captar cuáles son los procesos que llevan a que los alumnos lleguen a unos resultados u otros".

¿Son realmente útiles estas pruebas para evaluar a nuestros alumnos y al sistema educativo?
Creo que se trata de unas pruebas demasiado deficitarias.  Solo abarcan determinadas competencias que forman parte del currículum de educación primaria ya que denotan una concepción de lo que debe ser el aprendizaje y la educación mediante respuestas a preguntas que son establecidas por la autoridad competente. Es decir, que en ningún momento hay la posibilidad de que los alumnos de 6º de Primaria puedan expresar su punto de vista con respecto al tema.
No invento nada. Hay pruebas estandarizadas que incluyen todas estas cosas: la capacidad de exponer. Se suelen hacer en más días aunque seguramente que es más caro y requiere más tiempo. Creo que aquí se optado por un determinado tipo de prueba que tienen el posible riesgo de condicionare lo que se enseña y cómo se enseña.
¿Una prueba de este tipo puede evaluar con justicia los conocimientos adquiridos por un alumno durante la etapa de Primaria?
No tienen que ser necesariamente injustas, además no habría que sacralizar estos exámenes. En Estados Unidos, los alumnos de las Escuelas Democráticas exponen un trabajo el que les guste, de tal manera que en la exposición tienen que hablar, hacer frases, estructurar párrafos y  comunicarse con los demás. Como ejemplo, tendrían que hablar sobre cuántos portaviones podrían tolerar con el presupuesto del Estado español, lo digo para abarcar todas las áreas curriculares y todas las áreas de competencias. Es decir, que si estas pruebas tratasen de medir esta capacidad de autonomía, de producción de conocimiento que tienen los estudiantes, estaríamos en el buen camino.
Pero por desgracia, salvo escuelas muy excepcionales en nuestro país y fuera, lo que se suele hacer es seguir el libro de texto y preguntar sobre él. Con lo cual, la mayor parte de las preguntas que se presentan en estas reválidas son muy parecidas a lo que se plantea desde los libros de texto y en definitiva lo que hacen es reflejar lo que es el ritual de nuestra adolescencia.
¿Se prepara a los alumnos durante el curso solo para aprobar estas pruebas dejando de lado otros contenidos curriculares?
No lo sé porque todavía es pronto para saberlo pero sí, tenemos la experiencia de otros países, sobre todo de Estados Unidos. Y es que, en la medida en que existen estas pruebas la docencia tiende a focalizarse en la superación de esos exámenes y en los contenidos que se exigen en los mismos. Y no tiene que ser así. De hecho es así porque se ha optado por un tipo de examen que es muy parecido a las pruebas PISA y el ministerio está muy preocupado con que no salimos muy bien retratados en este ranking internacional; y buenos vamos a hacer permanentemente algo parecido a las pruebas PISA para que salgamos mejor retratados pero eso es jugar haciendo trampas.
¿Tal y como está estructurada la prueba (40 % tipo test y otro 20 % de respuesta construida, semiconstruida y abiertas, ayuda a que el alumno la supere?
Rafael Feito, profesor de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid

Ni siquiera los analistas más críticos respecto a estas pruebas estandarizadas están en contra de las pruebas estandarizadas como tales. Otra cosa es que en España el debate se haya desvirtuado y enseguida se haya llamado reválida a estas pruebas. Creo que es importante que veamos que estas pruebas pueden ser interesantes. Es decir que no habría que rechazarlas frontalmente como creo que está haciendo cierta izquierda y cierto espíritu corporativo de buena parte del profesorado que dice “desconfían de nosotros”. Porque uno puede ir a un colegio donde el profesorado diga ¡bueno, con estos alumnos no hay nada que hacer! Y al final esos niños no aprenden nada. Si hay una prueba al final de Primaria pues el centro el profesorado tendrá que preocuparse porque esos niños alcancen los niveles mínimos exigidos en tales pruebas.
También una dimensión de igualdad de oportunidades, de tratar de superar la desigualdad ante la educación si estas pruebas se hacen adecuadamente. Creo que habría que ser muy cauteloso a la hora de rechazar taxativamente estas pruebas.
¿Hay posibilidad de mejorar estas pruebas introduciendo cambios o cree que es mejor eliminarlas?
Si lo cambiáramos, mejorarían. Lo que ocurre es que…ya digo que estas pruebas que tratan de medir más cosas, por pura lógica, son más caras y más costosas en tiempo. Pero no me opongo, incluso entre la gente progresista o que quiere que la educación cambie, nadie se opondría. Creo que hay que cambiar las cosas porque tal y como estamos en nuestro sistema educativo no hay ningún control externo hasta el momento en el que el estudiante llega a la selectividad.
Una de las cuestiones más polémicas que han rodeado a estas pruebas son los futuros escalafones de centros según los resultados obtenidos. ¿Ve peligro de discriminación de unos centros sobre otros?
Estamos en la época de ‘Panamá leaks’. En el momento que lo conozca alguien de la comunidad educativa, una sola persona, aparecerá a los dos días. Por lo tanto, el peligro de discriminación de unos centros sobre otros está ahí. Y es que hay una cosa que es el valor añadido. Hay que tener en cuenta el tipo de alumnos que escolariza un centro para luego analizar sus resultados. Es decir que podemos analizar qué es lo que aportan dos centros.
Hay que tener en cuenta que vivimos en una sociedad cada vez más abierta en la que la comunicación fluye con más facilidad y creo que en la medida en la que no existan elementos que permitan saber si un centro funciona mal o funciona bien al final lo que ocurre es que se ponen en marcha mecanismo informales de conocimiento muy populares en las redes.
¿Los listados de centros oficiales harían más competitivos a los centros?
Creo que sí y habría que hacer públicas muchas más cosa como el proyecto educativo del centro, en qué trabajan. Hay centros que parecen que están preparando para abogados del estado, enfatizan con todo lo que tiene que ver con la memorización y, sin embargo, hay otros (pocos) que fomentan que la gente busque en fuentes alternativas de información, que lea libros, que sean autónomos. Eso habría que saberlo también antes de escolarizar.
¿Qué valor tiene que las pruebas sean corregidas por equipos externos a centros?
Pues la objetividad. Dependería del tipo de pruebas. En el ejemplo anterior de las Escuela Democráticas de Nueva York, la evaluación es desde dentro. Lo que ocurre es que son exámenes públicos, cualquiera puede acudir a ellos. Creo que no habría ningún problema que si se constituyeran estas comisiones de evaluación de tres, cuatro o cinco profesores algunos de ellos podrían ser de fuera. Yo diría que fueran profesores de otro centro, es decir que haya una visión externa al centro, estaría muy bien.
Hay doble sentimiento de inquietud y rebeldía entre algunos padres ante estas pruebas, ¿lo ve comprensible?
Es la ley en definitiva y en ese sentido tiene legitimidad democrática. Es verdad que uno podría echar en falta que una ley de este tipo debería tener mayor grado de consenso, pero en principio, cada cual que haga lo que quiera. Pero la ley también contempla la cuestión de que si no se presentan los niños a la prueba pues ya se verá cuál ha sido la razón y ya se hará la prueba en todo caso. Me recuerda también el caso de la objeción de conciencia de aquellos alumnos cuyos padres no querían que asistieran a las clases de Educación para la Ciudadanía.
Por otro lado creo que hay un alto grado de hipocresía. En definitiva, las preguntas son muy parecidas a las que aparecen en los libros de texto, por lo que tampoco se inventan nada nuevo. Lo malo es que se refuerza una enseñanza basada en la transmisión de un conocimiento ya establecido. Es esta idea de que el conocimiento lo hacen otros, no es una cosa que yo elabore y que yo pueda modificar o reinterpretar.