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Sampedro recibe el Premio Internacional Menéndez Pelayo

El escritor José Luis Sampedro (i), recibe de manos de la hija del mecenas Eulalio Ferrer, Ana Sara Ferrer, y en presencia del rector de la UIMP Salvador Ordoñez (c), el XXIV Premio Internacional Menéndez Pelayo, en un acto que se ha celebrado en el Paraninfo de La Magdalena en Santander. EFE/Esteban Cobotelecinco.es
El profesor José Luis Sampedro ha afirmado hoy, con pesar, que en la actualidad contempla como la Humanidad "desgraciadamente no ha superado edades de barbarie" y ha lamentado el contraste que aprecia en un "mundo rico en ciencia y muy pobre en sabiduría".
No obstante, Sampedro, tras recibir, en el Paraninfo de La Magdalena de Santander, el XXIV Premio Menéndez Pelayo, ha explicado que esa percepción de la "barbarie" que azota el mundo no le lleva al pesimismo, sino que se considera optimista basándose en que su "confianza" está en la vida.
"Hemos recibido una vida y nuestro deber es vivirla", enfatizaba Sampedro en un improvisado discurso, que empezó con muestras de humilde agradecimiento al galardón otorgado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y que culminó con reivindicaciones de valores que considera que están siendo "postergados por los intereses económicos".
El nonagenario economista y literato confiesa que, después de más de siete décadas de trabajo, no sabe si su obra es buena o mala, aunque a continuación puntualiza: "puse en ella todo lo que pude y si no es gran cosa es porque no soy más".
Apabullado por las loas de la laudatio del también académico de la Lengua Salvador Gutiérrez Ordóñez, Sampedro afirma que no se ve "tan importante" y explica que esta así porque se siente como "una gota en el océano, una hoja en la foresta o una célula entre los cientos de miles que tenemos".
"Soy una célula pensante y no me parece poco ser una neurona", enfatiza Sampedro, quien añade que piensa que no tiene alma, que no se considera inmortal, ni piensa en otra vida. "Yo me concentro en esta vida, mi deuda es con la vida", matiza este polifacético pensador que, a su 93 años, se define como "un aprendiz que sigue aprendiendo".
"Nos dicen que somos inmortales y que el mundo fue creado para nosotros y eso crea ambiciones", opina Sampedro, quien lamenta el "fracaso tremendo" que, a su juicio, se da en las relaciones humanas a nivel mundial.
Sin embargo, apunta que no está "enfadado" con el mundo ni piensa que se esté deshumanizando, ya que, según explica "los aspectos negativos también son humanos". Eso sí, Sampedro reivindica los "valores de la civilización", la justicia, el derecho internacional, los derechos humanos o el respeto a la naturaleza.
Minutos antes de recibir el Premio Ménéndez Pelayo, Sampedro opinaba que los intelectuales no pueden ser "cómplices", sino "indignarse con lo que está mal". "Uno no puede evitar que le pongan la bota encima, pero por lo menos no lama usted el cuero de la bota que le pisa", aconseja el profesor.
En su laudatio, Salvador Gutiérrez Ordóñez se ha referido a Sampedro como un "ser excepcional" que ha conjugado fortaleza con trabajo, inteligencia con humildad y que ha utilizado el don de la palabra para "tejer historias extraídas de la realidad que hacen comprender mejor el mundo, así como el universo de sombras de nuestra mente".
También ha recordado la experiencia vital y llena de contrastes que ha interiorizado Sampedro por el hecho de haber vivido la monarquía, la dictadora de Primo de Rivera, la Guerra Civil, la dictadura de Franco y finalmente la democracia.
Y ha destacado la conjunción entre su actividad profesional como economista y su vocación de escritor, que, según Gutiérrez Ordoñez hicieron que Sampedro llevara "vida de cartujo" escribiendo a la hora de maitines porque el ejercicio de su profesión le absorbía mucho tiempo.
Según ha alabado Gutiérrez Ordóñez, la obra literaria de Sampedro es "impresionante por su calidad, por su variedad y por su atractivo".
En similares términos se ha expresado el rector de la UIMP, Salvador Ordóñez, quien ha cerrado el acto con un discurso en el que ha destacado a Sampedro por sus "fulgurantes ideas y pensamientos" y por su "nivel de ciudadanía, muy alto y participativo, basado en la educación, insistiendo en que la educación es la única forma de cambiar las cosas".