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El Sínodo de la Familia apuesta por una Iglesia que no excluya a nadie y pide a gobiernos que defiendan la institución

El Primer Mensaje del Sínodo votado por de los 191 obispos de los cinco continentes que desde el 5 de octubre debaten en el Vaticano sobre los desafíos de la familia en el contexto de la Nueva Evangelización afirma que "Cristo quiso que su Iglesia fuera una casa con la puerta siempre abierta, recibiendo a todos sin excluir a nadie". Además, en el Mensaje se reclama expresamente a los gobiernos y a las organizaciones internacionales "que promuevan los derechos de la familia para el bien común".
El Mensaje final se con 158 votos a favor de 174 votantes. Los otros 16 restantes votos fueron negativos y algunas abstenciones. Se trata del primer documento concluido del Sínodo. La "Relatio Synodi" o el documento final que recogerá la síntesis de los trabajos sinodales, será votado esta tarde por los padres sinodales.
Después será entregado al Papa Francisco quien decidirá finalmente si hacerlo público. Durante la rueda de prensa se ha puesto de manifiesto que el Mensaje Final se redactó por una comisión con padres sinodales de Australia, Canadá, Gabón, India, Suecia, Líbano. La Relatio Synodi se va a votar por partes, por párrafos, mientras el Mensaje Final se votó todo entero.
El Sínodo Extraordinaria de los Obispos deja claro que se dirige "a todas las familias de los distintos continentes" y en particular a aquellas que siguen a Cristo, que es camino, verdad y vida. El Mensaje es breve, consta de 3 páginas, y aborda de forma clara y directa los desafíos y las amenazas que atacan a la familia hoy en día.
En el Mensaje los 191 padres sinodales agradecen a los pastores, a los fieles y a las comunidades que están dispuestas a "a acompañar y a hacerse cargo de las heridas interiores y sociales de los matrimonios y de las familias".
Los obispos reconocen que en esta primera etapa han reflexionado "sobre el acompañamiento pastoral y sobre el acceso a los sacramentos de los divorciados en nueva unión" y piden a las familias que caminen con ellos "hacia el próximo Sínodo".
DIFICULTADES ECONÓMICAS CAUSADAS POR SISTEMAS PERVERSOS
Los obispos denuncian en el Mensaje que hay muchas familias que "sufren dificultades económicas causadas por sistemas perversos, que humillan la dignidad de las personas". Así, detallan que se refieren al padre o a la madre sin trabajo, "impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o a los jóvenes "que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad".
Así han denunciado la pobreza como una de las causas principales que amenazan a las familias, "que se aferran a una barca para poder sobrevivir, las familias prófugas que migran sin esperanza por los desiertos, las que son perseguidas simplemente por su fe o por sus valores espirituales y humanos, las que son golpeadas por la brutalidad de las guerras y de distintas opresiones.
VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
Los obispos también han subrayado como un mal para la familia la violencia sobre las mujeres que "sometidas al aprovechamiento" que son víctimas de "la trata de personas". Además el Mensaje también habla de "niños y jóvenes víctimas de abusos también de parte de aquellos que debían cuidarlos y hacerlos crecer en la confianza"
EL CANSANCIO DE LA PROPIA EXISTENCIA
El Sínodo resalta "el cansancio de la propia existencia" como uno de los tantos desafíos que sufre la familia. Así en el Mensaje los obispos manifiestan admiración por "la fidelidad generosa de tantas familias" que viven "con fortaleza, fe y amor" situaciones difíciles como "el sufrimiento de un hijo con discapacidad, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez o en la muerte de un ser querido".
Los obispos reconocen que en las familias se viven a menudo "luces y sombras, desafíos emocionantes" y a veces también "pruebas dramáticas". "La oscuridad se vuelve más densa, hasta convertirse en tinieblas, cuando se insinúan el mal y el pecado en el corazón mismo de la familia", explican.
CRISIS DE FE
El Mensaje ha destacado como uno de los desafíos "la fidelidad en el amor conyugal". Así se expresa que la vida familiar suele estar "marcada por el debilitamiento de la fe y de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena".
De este modo, dicen los obispos se asiste "a no pocas crisis matrimoniales, que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, del diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio". Los obispos advierten de que los "fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana".
Los padres sinodales reconocen que también nacieron y crecieron "en familias con las más diversas historias y desafíos" y que como sacerdotes y obispos viven junto a familias que les muestran cada día "esplendores y también de dificultades".
Por otro lado, han resaltado que el amor entre el hombre y la mujer enseña "que cada uno necesita al otro para llegar a ser él mismo, aunque se mantiene distinto del otro en su identidad, que se abre y se revela en el mutuo don". Así han definido que el itinerario, para que este encuentro sea auténtico, "comienza en el noviazgo, tiempo de la espera y de la preparación" y se realiza "en plenitud en el sacramento del matrimonio, donde Dios pone su sello, su presencia y su gracia".
Los obispos han explicado que en este camino se conoce "la sexualidad, la ternura y la belleza, que perduran aún más allá del vigor y de la frescura juvenil". "El amor tiende por su propia naturaleza a ser para siempre, hasta dar la vida por la persona amada", han expresado.
Por ello han destacado que "bajo esta luz, el amor conyugal, único e indisoluble, persiste a pesar de las múltiples dificultades del límite humano, y es uno de los milagros más bellos, aunque también es el más común". Además han expresado que "este amor se difunde naturalmente a través de la fecundidad y la generatividad, que no es sólo la procreación, sino también el don de la vida divina en el bautismo, la educación y la catequesis de los hijos".
Asimismo, subrayan que este amor es también "capacidad de ofrecer vida, afecto, valores, una experiencia posible también para quienes no pueden tener hijos". "Las familias que viven esta aventura luminosa se convierten en un testimonio para todos, en particular para los jóvenes", han expresado.
Los obispos reconocen que el camino del amor conyugal "es un sendero de montaña, con cansancios y caídas" aunque precisan que siempre "está la presencia y la compañía de Dios".
Finalmente, subrayan el papel de los abuelos "en la educación en la fe y en la vida buena y bella del Evangelio, en la santidad".