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La Vía Láctea no es como se pensaba

imagen proporcionada por el telescopio espacial Spitzer de la NASA. Foto: NASAtelecinco.es
Robert Benjamin, astrónomo de la Universidad de Wisconsin, señala que "ahora seguiremos corrigiendo nuestro cuadro (galáctico) de la misma forma en que los primeros exploradores que navegaban por el mundo corregían sus mapas".
Desde 1950 los astrónomos contaban con modelos basados en observaciones de los gases cósmicos de la galaxia que sugerían una estructura en espiral con cuatro brazos de estrellas llamados Norma, Scutum-Centauro, Sagitario y Perseo. Nuestro Sol se encuentra entre Perseo y Sagitario.
Durante muchos años se crearon mapas de toda la galaxia sobre el estudio de una sección o con un solo método, explica Benjamín. "Desafortunadamente, cuando se comparaban los modelos éstos no coincidían. Era como estudiar a un elefante con los ojos vendados", dice.
Contando estrellas
Gracias a Spitzer, los astrónomos han conseguidor tener un cuadro mucho más amplio de la galaxia con un mosaico de 800.000 piezas que incluye 110 millones de estrellas. Para profundizar esas observaciones, Benjamin desarrolló un software que le permitió contar las estrellas y medir la densidad estelar.
Y cuando su grupo dirigió la vista hacia Scutum-Centauro, constató, como se esperaba, un aumento en el número de estrellas. Pero al enfocarse en Sagitario y en Norma, no hubo tal aumento estelar. Perseo está en el extremo opuesto de la galaxia y no se puede ver en las imágenes del Spitzer.
Ese descubrimiento confirma que la Vía Láctea tiene dos brazos, Scutum-Centauro y Perseo, que tienen enormes densidades con estrellas jóvenes y brillantes, así como estrellas viejas, señaló Benjamin. BQM