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Víctimas de trata nigerianas: las más vulnerables, más invisibles y más difíciles de reparar

Las víctimas de trata procedentes de Nigeria son las más vulnerables, las más invisibles y las más difíciles de reparar porque el poder económico de las mafias que las compran y venden, el peso cultural que fuerza su silencio, la ausencia de colaboración del país de origen y la exigencia judicial de un testimonio impecable para poder llevar a buen puerto un procedimiento hacen que sean demasiado pocas las condenas por la vulneración de derechos de estas mujeres que pueblan los puertos, los clubes, los polígonos y las calles españolas.
Así lo han explicado distintos expertos reunidos este martes en torno a la presentación de 'Loveth' una campaña de APRAMP dirigida a todas esas personas que no saben lo que es la trata de mujeres con fines de explotación sexual y a todos esos clientes que no ven o no quieren ver lo que hay detrás de la mujer cuyos servicios demandan. "Nadie se ofrece para ser una esclava", clama la organización.
Loveth es una de las mujeres que atiende cada año APRAMP e igual que otras 145 que recibieron asistencia el año pasado en esta organización, es procedente de Benin City, en la región nigeriana de Edo State, de donde salen la mayor parte de las víctimas que acaban en Europa. Ahora se dedica a acompañar a otras que como ella, pasaron un calvario desde que alguien les prometió un trabajo en Europa y un chamán las ató al silencio y al pago de una deuda que habría de saldar al cabo del viaje.
Insiste, como hacen la directora de APRAMP, Rocío Mora; el Inspector Jefe de la Policía Nacional José Nieto o la Fiscal Delegada de Extranjería de la Comunidad de Madrid, Beatriz Sánchez; en que es algo más que brujería, "es una religión" en la que las niñas como ella son enseñadas desde pequeñas a creer y respetar a los dioses, aquellos que "mediante juramentos" las protegerán "del mal, de la enfermedad, el accidente y la muerte". Por lo mismo, podrán castigarlas.
"Muchas mujeres y niñas que están en Europa son captadas por redes de explotación. En el ritual antes de hacerlo, el brujo siempre nos ordena dejar nuestro cuerpo libre de ropa y proteger con una sábana y nos obliga a arrodillarnos ante muchas imágenes y repetir todo lo que él dice: que no nos vamos a escapar, que no vamos a hablar con los policías, que vamos a pagar la deuda por venir a Europa. Luego se mata un animal, en mi caso un pollo. Me obligó a comer el corazón y beber whisky para tragarlo", ha explicado Loveth.
Su testimonio es el hilo conductor de la campaña que lleva su nombre y que se basa en un cortometraje dirigido y rodado por Mabel Lozano en torno a lo que sufren estas mujeres atadas por el terror y condenadas a pesadillas que, como ilustra la cineasta, las llevan de vuelta a aquel hombre que les cortó las uñas y el pelo y lo encerró todo en un saco con una maldición. "Todavía tengo una lucha dentro de mí, no quiero creerlo, pero me enseñaron que si no cumples, el vudú irá contra ti. Ese miedo sigue ahí y por eso es muy difícil que las mujeres y las niñas nigerianas salgan de este mundo", dice Loveth.
EUROPA, "EL NUEVO INFIERNO"
Ese trauma es sólo el inicio de un viaje que, como señala Nieto en declaraciones a Europa Press, las hace cruzar fronteras que "se pagan en carne" y atravesar desiertos donde ven cómo otras compañeras son dejadas en prenda o abandonadas a su muerte, para al final acabar pendiente de un pasaje en una barcaza que también habrán pagado con su cuerpo y que las sepultará en el Mediterráneo o las dejará de nuevo en manos de sus tratantes en algún punto de la costa andaluza. "Es ahí", dice el policía, "donde empieza el nuevo infierno".
Se trata de un camino que puede durar más de año y medio, "las que llegan son supervivientes" y "no se creen que van a ser explotadas porque con lo mal que lo han pasado, es imposible que piensen que lo que les espera es peor, creen que va a empezar por fin lo bueno". Dice que desaparecen de los centros de primera acogida porque "las redes son muy extensas" y "sólo hay que ponerse en la puerta y esperar" para acabar abordando a la mujer y exigirle el pago de la deuda.
Cuando organizaciones como APRAMP o las propias fuerzas policiales las detectan e intentan rescatarlas, empieza otro periplo, el de las que como Loveth, se atreven a denunciar. "Es lo más complejo", dice la Fiscal Delegada de Extranjería en Madrid, para incidir en que sólo entre un 0,5% y un 1% se atreven a hacerlo. "El problema fundamental es que han asumido una deuda gravísima, ese es el fundamento de su debilidad", afirma.
15 AÑOS DE EXPLOTACIÓN
Se trata de cantidades que llegan a superar los 50.000 euros, lo que en palabras de Nieto, significa que "tienen que pasar 10, 15 o hasta 20 años explotadas en la calle mientras las mafias están enriqueciéndose y el público piensa que están ahí porque quieren". "Nosotros las informamos a todas, pero acaban de llegar, están en shock y no nos creen (...) Tenemos que perseverar en el seguimiento de estas mujeres", señala.
Cuando pese a ello, dan el paso, la Fiscalía se encuentra con todo tipo de "dificultades" específicas, desde el aislamiento de quien está sola en un país desconocido del que no sabe el idioma y donde no conoce a nadie, hasta el miedo a unas autoridades que tanto en origen como durante el viaje han sido parte del calvario. "Desconfían de los policías que les toman la declaración e incluso cuando se deciden a hacerlo, existe una barrera idiomática porque nos encontramos con recursos limitados", señala la fiscal.
Además, tiene que "luchar contra la jurisprudencia" española en cada procedimiento, pues para vencer la presunción de inocencia el relato debe cumplir un nivel de coherencia y constancia incompatible con su experiencia vital. "¿Creen que una mujer que ha pasado por ese proceso, que ha visto morir, que ha sido violada, tiene un relato coherente cuando igual ha tardado más de un año en llegar?", plantea la fiscal. Dice que "es imposible" que las declaraciones en estos casos sean tan contundentes como establece el Tribunal Supremo.
EL 34% DE LAS VÍCTIMAS SON NIGERIANAS
La experta suma "dos problemas añadidos" a la ecuación: "Es un delito que en la mayoría de las ocasiones procede del crimen organizado y que tiene peculiaridades importantes, como la ingente cantidad de dinero y sus métodos propios de salida y blanqueo de esos capitales, medios técnicos en ocasiones mucho mayores a aquellos con los que contamos y muchísimas más posibilidades de eludir el control de la justicia, porque quien tiene dinero tiene más posibilidad de evadir su responsabilidad".
El segundo, Nigeria, que "no sólo no colabora proporcionando la identidad" de los sospechosos sino que "tampoco se puede contar con ellos para proteger a las familias de las víctimas en los lugares de origen" por lo que "difícilmente" se va a lograr que ellas confíen. "Nosotros sólo podemos cortar las patas al pulpo, a quienes explotan, pero si no acabamos con la cabeza, que está en el país de origen, no acaba el problema", ha destacado.
Para Mabel Lozano, además de vencer estas resistencias es acuciante la sensibilización porque "esto se rige por una única ley, la ley de la oferta y la demanda" y "sólo llegando al presente y al futuro consumidor de este tipo de servicios y contándole que cuando pide los servicios de una mujer está violando todos sus derechos fundamentales" se podrá hacer que el negocio, el tercero mayor del mundo por detrás del tráfico de drogas y de armas, decaiga.
Los datos, los ha ofrecido la secretaria de Estado de Servicios Sociales e Igualdad Susana Camarero: 32.000 millones de dólares al año mueve la trata en todo el mundo, 3.000 sólo en España, donde el 34% de las víctimas proceden de Nigeria. "Hoy es Loveth pero antes fue Katerina. No pueden ser invisibles, toda la sociedad debe verlo como lo vemos nosotras", ha añadido la directora de APRAMP.