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WWF reclama a los consumidores que pongan fin al negocio de la extinción en el Día Mundial del Medioambiente

La organización WWF ha reclamado a los consumidores que contribuyan a poner fin al comercio ilícito de especies salvajes, que mueve más de 27.000 millones de euros al año en todo el mundo y provoca un "enorme impacto" sobre el desarrollo económico, la seguridad nacional y la biodiversidad mundial.
Con motivo del Día Mundial del Medioambiente, que se celebra el 5 de junio, la ONG subraya que en el último siglo la población de tigres ha disminuido un 97 por ciento; que ciertas poblaciones de elefantes de Tanzania se han reducido en un 50 por ciento y las cuatro especies de pangolines asiáticos se encuentran al borde de la extinción.
Así, WWF ha lanzado la campaña 'Acabemos con el negocio de la extinción', que recuerda a los consumidores que tienen un "papel fundamental" para luchar contra el tráfico de especies y que denuncia el "creciente negocio" ilegal.
El responsable del programa de especies de WWF, Luis Suárez, ha destacado que para frenar la oferta es "imprescindible frenar la demanda" y por ello reclama a "todos los ciudadanos" que sean "conscientes de la gravedad del problema y se impliquen en su solución".
En concreto, denuncia que el comercio ilegal de especies y sus productos derivados mueve al año más de 10.000 millones de euros y que la cifra llega a superar los 27.000 millones si se incluyen los pescados y la madera. Las cifras advierten también de que las mafias comercializan cada año 1,5 millones de aves vivas y 440.000 toneladas de plantas medicinales, que matan cada año 120 tigres, 30.000 elefantes, 1.000 rinocerontes y 13.000 pangolines y se talan 1.000 toneladas de madera exótica como el palo rosa.
La ONG lamenta que el destino de las especies es muy variado, desde la fabricación de artículos de lujo, como colmillos de elefante o pieles de tigre; decoración con corales o maderas tropicales; medicina tradicional oriental, que utiliza vesículas de osos; alimentación, como el caviar; mascotas, loros o primates.
RINOCERONTE, AL LÍMITE EN 2014
En concreto, subraya que el caso del rinoceronte es "especialmente preocupante" ya que su población en Sudáfrica ha disminuido un 9.000 por ciento en los últimos ocho años. En aquel país ha pasado de 13.000 ejemplares en 2007 a 1.200 en 2014. Los rinocerontes se matan por sus cuernos, que son muy cotizados en el mercado negro por sus presuntas propiedades curativas y afrodisíacas.
En España, la ONG recuerda que recientemente el Servicio de Protección de la Naturaleza (SEPRONA) de la Guardia Civil se incautó el 26 de mayo de 744 kilos de marfil de elefante africano, lo que confirma que el país es la puerta de entrada a Europa de este tipo de comercio ilícito por su proximidad con otros continentes, especialmente con África y Latinoamérica.
Desde 2005 a 2014, el SEPRONA ha incautado 13.838 animales (4.742 reptiles, 3.096 aves y 1.379 mamíferos). España es el destino más importante del mundo para las pieles de reptil (cocodrilos, pitones, lagartos): más de la tercera parte de las incautaciones mundiales en el periodo 2005-2014 se dieron en España, seguida de Singapur (16%), lo que hace sospechar que España no sólo funciona como país de tránsito, sino que puede ser destino de estos productos. Sin embargo, el tráfico de plantas desbanca incluso el comercio ilegal de fauna, con 10.000 cactus intervenidos en 2014.
Suárez ha advertido de que el tráfico ilegal de especies es una de las principales amenazas para la vida salvaje pero también para el desarrollo sostenible, social y económico, porque si se acaba con los recursos naturales de una zona se pone en peligro el futuro con muchas comunidades locales. "Este delito es considerado por la ONU como el tercero más grave del mundo, por su volumen económico e impacto, solo superado por el de drogas y el de armas", ha recordado.
Finalmente, recomienda como "medidas sencillas" para los consumidores a la hora de acabar con el negocio de la extinción elegir una mascota o especie doméstica antes que una exótica o salvaje; evitar comprar animales o algunas de sus partes cuando se viaja a otros países o exigir certificados que garanticen la sostenibilidad de los productos que proviene de la naturaleza.