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La actual pareja del acusado del doble crimen de La Maruca, en Avilés, trabajó y tuvo un "rollo" con una de las víctimas

La actual pareja del acusado por el doble crimen de La Maruca que tuvo lugar en Avilés, Moíses F.M., ha declarado este martes que en la fecha en la que ocurrieron los hechos, junio de 2010, ella era la encargada del Club Los Arcos que regentaba el acusado y ha reconocido que anteriormente había trabajado para una de las víctimas, Roberto Lazcano, con el que además mantuvo "un rollo" y "salieron en varias ocasiones".
M. A., con la que el acusado tuvo un hijo el pasado mes de mayo, ha sido una de las testigos llamadas a declarar este martes en la segunda sesión del juicio en el que se juzga a Moíses F.M. por haber matado el 16 de junio de 2010 a Roberto Lazcano y Osman Asam delante del Club que regentaba.
La actual pareja del acusado ha indicado que la víctima "y sus hombres" tenían atemorizado a Moíses F. al que "dieron una paliza de película" tres meses antes de que se produjesen los hechos juzgados. Además ha indicado que dejó de trabajar para Roberto Lazcano porque "trataba muy mal a las chicas".
"El 10 de abril entraron en el club a 8 o 9 personas a darle una paliza. Fue de película, yo creí que lo iban a matar", ha destacado la testigo, que afirmó que el día de los hechos "sólo oyó los disparos" y luego "cerró el local y se fue".
En la sesión de este martes también ha declarado la ex mujer del acusado, M. C. G., que ha insistido en las amenazas a las que su ex marido estaba siendo sometido meses antes del crimen, desde el momento en el que decidió abrir un club. Unas amenazas que aseguró "afectaban también a sus dos hijos de 8 y 9 años" y a consecuencia de las cuales ella estivo a punto de "quitarse la vida".
Además ha señalado que el acusado "cambio su forma de ser y comenzó a beber y drogarse a diario desde que recibiese una paliza de manos de los hombres de Lazcano".
Sobre el día de los hechos indicó que a las nueve y diez o y cuarto de la noche recibió una llamada de su ex marido en la que le dijo que "no hiciese preguntas, que cogiese dinero y a los niños y que se fuese del domicilio". Al día siguiente volvió a recibir otra llamada en la que el acusado le comentó que "no se preocupase, que estaba con su abogado y se iba a entregar".
TESTIGOS DE LOS HECHOS.
Así mismo han prestado declaración un matrimonio que en el momento de los hechos circulaba por la zona y, tras verse obligados a parar en un semáforo con el vehículo, vieron parte de lo ocurrido. Los dos han señalado que, tras escuchar varios disparos que pensaban que eran petardos, vieron como el acusado corría detrás de una de las víctimas que ya iba herido en una pierna.
Tras caer la víctima al suelo --Osman Asam--, vieron como su perseguidor "le remataba en la cabeza con varios disparos más". Ninguno de los dos presenció la huída del asesino.
Esa huída si la presenció otro de los testigos que ha declarado, un hombre que estaba en el bar colindante al Club. Según su testimonio las víctimas llegaron al local en coche y uno de ellos llevaba "con una especie de barra en la mano y estaba muy cabreado".
"Yo oí dos disparos. Después oí a la víctima decir algo así como que eran de mentira o de fogueo y luego ya hubo más disparos seguidor y ya vi la sangre. Pasó todo en poco tiempo", ha dicho el testigo que además ha indicado a preguntas del fiscal, que el acusado tuvo que subirse con su coche a la acera para pasar por encima del cuerpo de Roberto Lazcano.
Por su parte el entonces portero del Club del acusado ha declarado que trató de mediar hablando con las víctimas pero no lo consiguió. Además ha indicado que él sólo vio como Moíses F. disparó a Roberto Lazcano y ha destacado que le dijo al acusado "que parará, pero estaba en tal estado de miedo y de temor y mostraba una mirada desesperada que le dio miedo".
El portero ha indicado que cree que los dos primeros disparos que hizo el acusado no impactaron contra la víctima y tampoco pudo ver como huía con su coche y si atropelló en esa huída a Roberto Lazcano.
El juicio continuará este miércoles con la declaración de los peritos. El acusado se enfrenta a peticiones de condena de hasta 52 años de cárcel.