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El castigo físico también conlleva un daño psicológico prolongado aunque esté normalizado

Investigadores de la Universidad de Konstanz (Alemania) han visto que el castigo físico a los niños también provoca un daño psicológico que puede perdurar a largo plazo en aquellas sociedades en que está generalizado y se ve como algo normal, según los resultados publicados en 'Child Abuse & Neglect'.
Para llevar a cabo su estudio Tobias Hecker y su equipo fueron a Tanzania, país africano donde el castigo físico es habitual y hay incluso una la ley que permite a los maestros utilizarlo. De este modo, observaron que aquellos alumnos que habían recibido algún correctivo de este tipo tanto en su casa como en el colegio solían presentar más problemas de comportamiento.
"En lugar de aprender a portarse bien, los castigos físicos suelen tener el efecto contrario", ha reconocido Hecker, a pesar de que hay científicos que creen que su normalización cultural sí puede tener algún efecto beneficioso.
En su estudio entrevistaron a 409 niños de segundo a séptimo grado de una escuela privada de Tanzania. La edad media de la muestra era 10,5 años y el 95 por ciento aseguraban que habían recibido un castigo físico por parte alguna vez en su vida, bien por parte del profesor bien por uno de sus padres.
Asimismo, la mayoría de los niños, el 82 por ciento, había sido golpeado con palos, cinturones u otros objetos y el 66 por ciento había recibido un puñetazo, bofetada o pellizco. Y casi una cuarta parte había sufrido un castigo tan duro que habían resultado heridos.
"Los niños aprenden el comportamiento agresivo y se vuelven más agresivos con otros niños", ha reconocido Hecker, como lo demuestra el que el 21 por ciento reconocieran que alguna vez habían cogido cosas de otros sin su permiso.
Además, el 9 por ciento de los niños tenían niveles de hiperactividad más altos de lo normal y alrededor del 11 por ciento mostraron un comportamiento menos empático que aquellos compañeros que no habían experimentado un castigo físico.
Hecker y su equipo reconocen no obstante que en su estudio no se establece una relación causa-efecto, ya que no se analizó el comportamiento de los niños antes de que se produjera el castigo. Lo que sí puede corroborar el estudio, apuntan, es que el castigo no mejora la conducta de estos menores.
En 1979, Suecia se convirtió en el primer país en hacer ilegal el castigo corporal y, desde entonces, un total de 34 países del mundo cuentan ya con leyes contra el castigo corporal, de acuerdo con la Iniciativa Global para Acabar con todo Castigo Corporal hacia los niños.
Sin embargo, los autores confían en que este nuevo estudio ayude a mejorar la sensibilización en lugares como Tanzania, donde el castigo corporal sigue estando generalizado. "La gente suele ver que después de una paliza se produce una obediencia inmediata, pero en realidad lo que se hace es meter miedo y que los niños actúen por miedo", ha concluido.