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Las estatinas han sido claves para reducir a la mitad la mortalidad por infarto en los últimos 30 años

Las estatinas son actualmente el grupo de fármacos más utilizado para reducir el colesterol y, según el presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), José Ramón González-Juanatey, su uso desde hace años ha sido clave para que en los últimos 30 años se haya logrado reducir a la mitad la mortalidad por infarto.
"Es uno de los mayores avances en salud humana de los últimos 20 años", según lo ha reconocido durante un encuentro de la SEC y la Sociedad Española de Arteriosclerosis (SEA) organizado este fin de semana en Málaga, para debatir sobre la importancia de estos fármacos en el control de la hipercolesterolemia, así como para plantear una mejor estrategia terapéutica para un óptimo seguimiento de los pacientes con dislipemia.
Tanto las guías europeas como más recientemente las americanas indican claramente que estos fármacos son la primera opción para reducir el riesgo cardiovascular de los pacientes con colesterol elevado y, en muchos casos, de todos los pacientes cuando tienen muy alto el riesgo cardiovascular.
Estos fármacos actúan bloqueando la enzima HMG-CoA reductasa, lo que se traduce en una reducción de los niveles de colesterol en sangre y permite que el hígado comience a producir más receptores de lipoproteínas de baja densidad (LDL), cuya función es la de captar la partículas de LDL en la sangre, consiguiendo reducir los niveles de colesterol LDL.
Existen diferentes tipos de estatinas y varían en función de su potencia. Hay estatinas de baja potencia que se utilizan poco, como podrían ser lovastatina y fluvastatina; estatinas de media potencia, que reducen aproximadamente un 30-40 por ciento el colesterol LDL, como simvastatina y pitavastatina; y hay estatinas de alta potencia, como atorvastatina y, sobre todo, rosuvastatina, la estatina de mayor potencia que ha demostrado reducir los niveles de colesterol LDL entre un 50 y 60 por ciento.
El presidente de la SEA, Juan Ascaso, ha destacado como gracias a estos fármacos se han disminuido "claramente" los episodios cardiovasculares, la mortalidad cardiovascular y, además, también se ha comprobado que producen beneficios en los cuadros agudos de la enfermedad.
"Una reducción de 39 miligramos/decilitro (mg/dl) de colesterol LDL lleva a una reducción de un 23 por ciento de la enfermedad cardiovascular, y esta reducción ocurre en todo tipo de pacientes", ha aseverado.
En relación con su uso, el presidente de la SEC ha reconocido que todos los pacientes cuando ingresan en el hospital debido a un episodio cardiovascular deberían recibir una estatina de alta potencia y de forma indefinida.
Asimismo, la mayoría de los pacientes diabéticos también deberían recibir una estatina para lograr que sus niveles de LDL se reduzcan por debajo de los 70 mg/dl, y en el resto de pacientes con factores de riesgo dependerá de su nivel de LDL", indica el presidente de la SEC.
DIFERENCIAS ENTRE LAS GUÍAS AMERICANAS Y EUROPEAS
Por otro lado, en el encuentro de este fin de semana han analizado los pros y contras de las indicaciones que establecen las nuevas guías americanas sobre el tratamiento de la dislipemia, definidas por el American College of Cardiology (ACC) y la American Heart Association (AHA), que presentan ciertas divergencias con las guías europeas, acordadas por la European Society of Cardiology (ESC) y la European Atherosclerosis Society.
La discrepancia radica en que las guías europeas establecen niveles de LDL a partir de los cuales hay que tratar al paciente y objetivos de LDL que hay que alcanzar y, por el contrario, las guías americanas se basan en el riesgo de cada paciente con independencia de lograr unos objetivos determinados de LDL.
En este sentido, Acaso ha destacado que "en el fondo ambas guías dicen lo mismo visto desde diferentes puntos de vista". Las guías europeas se centran en lograr objetivos de LDL, mientras que las guías americanas olvidan los objetivos de LDL y se basan en conseguir un descenso del LDL más del 50 por ciento en los sujetos de alto riesgo y entre 30 y 50 por ciento en los pacientes de riesgo moderado".
La visión de los cardiólogos españoles, no obstante, va "más en línea con las guías europeas", según ha añadido González-Juanatey, ya que entienden que es el nivel de LDL el que establece parte del riesgo de paciente y "lograr objetivos de LDL es más apropiado para los pacientes y que, probablemente, se acompañe de mayores beneficios".