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Las familias de las víctimas del hinchable de Caldes (Girona) encargan un informe sobre errores administrativos

Las familias de la niña fallecida y los seis heridos en el castillo hinchable instalado en un restaurante de Caldes de Malavella (Girona) han encargado un informe técnico para analizar posibles errores administrativos y pedir responsabilidades al Ayuntamiento y a la Generalitat.
Así lo ha explicado su abogado, Carles Alabau, en declaraciones a Europa Press después de que este martes hayan declarado en el Juzgado de Instrucción 2 de Santa Coloma de Farners los padres de la menor fallecida y de otros niños en calidad de testigos y perjudicados.
Según el abogado, este informe técnico estará listo previsiblemente la semana que viene y tiene como objetivo revisar la normativa de estos hinchables y constatar si se cumplieron todos los requisitos administrativos para que estuviera instalado.
El perito encargado revisará las ordenanzas y analizará si los expedientes están bien tramitados, ya que constatan que ha habido "falta de rigor" y que la administración no ha sido diligente, en sus palabras.
El restaurante no contaba con una licencia específica para tener el inflable, aunque sí tenía la licencia de actividad correspondiente.
Las familias constatan una "clara negligencia" por parte de los propietarios ya que, según el informe de los Mossos d'Esquadra, solo tenía dos de los diez anclajes puestos, y compraron el castillo de segunda mano sin que conste ningún documento, factura, comprobante o libro de instrucciones, según Alabau.
SIN INSTRUCCIONES
En sus declaraciones, los padres han explicado que cuando llegaron al restaurante nadie les dio ninguna instrucción sobre el uso del hinchable ni les dijo que tenían que encargarse ellos mismos de la seguridad de los niños.
Los padres, que estaban a una distancia de entre 15 y 30 metros, tampoco vieron que hubiera ningún monitor encargado de la seguridad ni ningún empleado que revisara la instalación.
Según lo que han explicado ante el juzgado, no soplaba viento en esos momentos, pero sí alguna racha de vez en cuando, y se dieron cuenta de lo que pasaba por los gritos de los niños, cuando la atracción estaba ya elevada un metro del suelo.